Me he ido por otros derroteros ajenos, pero a veces es complicado ignorar la realidad que se cuela por cada poro, así que centrándonos en el film nos encontramos con la extraña relación que se establece entre el doctor Kelley y Hermann Göring, el hombre de confianza de Adolf Hitler. Con colores sobrios y ese gris aséptico que otorga un aura de decadencia al relato, es la típica obra que grita Oscars por los cuatro costados y ni eso le ha valido la nominación. La historia se centra en las conversaciones que ambos hombres mantienen en la celda, explorando las complejidades de la humanidad, las causas y consecuencias del Reich, batallitas personales que humanicen un poco la personalidad de Göring y alguna discusión interesante sobre el papel que ambos países tuvieron en la guerra. No deja de resultar naif la actitud del psiquiatra queriendo ver algo más allá de la máscara de nazi sociópata en Göring, no sé cuanto de esto es realidad o ficción, pero lo que sí es cierto es que Douglas Kelley se suicidó apenas 12 años después de sus entrevistas con el mariscal del Reich asediado por la impotencia, por la incredulidad de sus compañeros de profesión que creían que algo así era un caso único, algo que jamás volvería a pasar.
La verdad es que la he encontrado plana, sosa y sin el gancho que debe tener una película que aborde un tema tan importante. James Vanderbilt no consigue hacer la gran película que seguramente esperaba hacer. Creo que la historia tenía más potencial y se ha quedado en la superficie, como un best seller que acaba caricaturizando bizarramente a sus personajes. La ‘Mindhunter’ de Hacendado (o Frankfurt en este caso).
Comentarios
Hasta el infinito y más allá...
Eres un sol Daniel :D.