Así, y envuelta en una decadente estética distópica con elementos de neo-noir, la película tenía todos los ingredientes para triunfar en las salas de cine, pero su profunda carga filosófica, sumada a una críptica narrativa y a un montaje que no da tregua (hay cambio de plano cada dos o tres segundos), le acabaron pasando factura y relegándola al cajón del olvido. Demasiado introspectiva para muchos y excesivamente densa para otros, 'Dark City' se erige como una arriesgada fusión de cine negro, thriller futurista y drama existencial; heredera del legado de 'Metrópolis' en su fantástica ambientación urbana y de 'Blade Runner' en su reflexivo trasfondo de ecos kafkianos y reminiscencias platónicas. Sin duda, una atrevida propuesta cuyo visionado puede convertirse una experiencia realmente desafiante, pero también en un más que interesante descenso hacia las infinitas complejidades de la identidad, de todo aquello que nos hace humanos y de nuestra forma de percibir y enfrentarnos a la realidad. Incluso cuando esta nos ha privado de toda luz y nos ha condenado a vivir en la ciudad de las sombras.
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