Últimas críticas de Sandris en TV
El mapa de los anhelos
Crítica de Sandris
hace 1 mes
6.5
Cuando cayó en mis manos el libro ‘El mapa de los anhelos’ de Alice Kellen, lo aparqué de mala manera en la estantería, aun cuando me miraba a diario como un cronopio deseando salir de su encierro. Nunca he sido asidua a la literatura o al cine de amor, yo sólo vivo por los dramas, el terror o las experiencias cotidianas de mujeres que están a un mal día de perder completamente la cabeza. Pero, por algún motivo que aún hoy desconozco, en uno de mis peores momentos vitales (por no decir el peor), este libro me ofreció un refugio, un lugar al que acudir y un abrazo que necesitaba, pero que me negaba a aceptar. Tanto es así, que años después sigo recordando la forma en la que me hizo sentir y, para las personas que sentimos demasiado, eso es el equivalente a ganar un Mundial. En esta adaptación de tan sólo seis episodios, encontramos a Greta, Lucy y Will. Desde el primer momento sabemos que Lucy ha fallecido luchando contra la leucemia que la ha perseguido toda su vida, sabemos también que Greta fue concebida para ayudar a paliar los efectos de la enfermedad de su hermana con sus células milagro. Pero también sabemos que nada ha salido bien, que el gran plan no ha funcionado y la esperanza se disipó convirtiendo ese hogar en una estructura de cemento, paredes y habitaciones. Un lugar vacío, oscuro y sin sentido.
Antes de apagarse por completo, Lucy organiza un juego para su hermana llamado “El mapa de los anhelos”; un juego destinado a que su hermana aprenda a vivir, aprenda que su vida merece ser vivida, que tiene sentido y que su valor no radica únicamente en nacer para ayudar a su hermana. Su valor radica en haberle salvado la vida a su hermana, aunque no de la forma que ella deseaba. En este camino vital se encontrará con Will Tucker, un viejo conocido de Lucy que la acompañará en su despertar y despertará en ella algo hasta ahora desconocido. Un amor sutil, a veces odioso como en todo este tipo de historias tan corchopán, pero un amor que lo magnifica todo y que convierte tu vida en una aventura. Como adaptación no está mal, pero noto mucha falta de química entre los dos protagonistas y la historia se siente apresurada, sobre todo al final. Lo mejor que tiene son todas las escenas que comparten las hermanas llenándolo todo de luz, purpurina y pasión. No es una serie que te cambie la vida, pero igual nos enseña un poco más a apreciar lo que tenemos, a agradecer cada nuevo día que nos levantamos de la cama (aunque haya días que cueste) y a darle las gracias a las personas que hacen de nuestra vida un lugar bonito en el que vivir; porque hace seis años perdimos a una buena amiga por culpa de esta enfermedad y no tuvo nada de bonito, esperanzador o mágico. Fue una puñeterísima mierda y sigue doliendo, pero su recuerdo vive más que nunca. Igual de eso va la vida, de vivirla tanto que tu estela nunca se pierda en el cielo de los que te quisieron, quieren y querrán.
Y Alice Kellen tía, ponle nombres españoles a tus personajes que te llamas Silvia y eres de Valencia, coño.
Antes de apagarse por completo, Lucy organiza un juego para su hermana llamado “El mapa de los anhelos”; un juego destinado a que su hermana aprenda a vivir, aprenda que su vida merece ser vivida, que tiene sentido y que su valor no radica únicamente en nacer para ayudar a su hermana. Su valor radica en haberle salvado la vida a su hermana, aunque no de la forma que ella deseaba. En este camino vital se encontrará con Will Tucker, un viejo conocido de Lucy que la acompañará en su despertar y despertará en ella algo hasta ahora desconocido. Un amor sutil, a veces odioso como en todo este tipo de historias tan corchopán, pero un amor que lo magnifica todo y que convierte tu vida en una aventura. Como adaptación no está mal, pero noto mucha falta de química entre los dos protagonistas y la historia se siente apresurada, sobre todo al final. Lo mejor que tiene son todas las escenas que comparten las hermanas llenándolo todo de luz, purpurina y pasión. No es una serie que te cambie la vida, pero igual nos enseña un poco más a apreciar lo que tenemos, a agradecer cada nuevo día que nos levantamos de la cama (aunque haya días que cueste) y a darle las gracias a las personas que hacen de nuestra vida un lugar bonito en el que vivir; porque hace seis años perdimos a una buena amiga por culpa de esta enfermedad y no tuvo nada de bonito, esperanzador o mágico. Fue una puñeterísima mierda y sigue doliendo, pero su recuerdo vive más que nunca. Igual de eso va la vida, de vivirla tanto que tu estela nunca se pierda en el cielo de los que te quisieron, quieren y querrán.
Y Alice Kellen tía, ponle nombres españoles a tus personajes que te llamas Silvia y eres de Valencia, coño.
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Gomorra: El origen
Crítica de Sandris
hace 3 meses
8
No es casualidad que el primer fotograma de la serie comience con la emisión de las noticias diarias señalando que Nápoles vive una inusitada plaga de ratas en sus calles. Seres inmundos que se revuelcan entre la suciedad, los desperdicios y los sitios donde no crece nada que merezca la pena. La siguiente escena señala a nuestros protagonistas, un grupo de cinco críos, cinco amigos pobres que habitan las calles como esas ratas sin casa. Cinco niños que hartos de la precariedad, la pobreza y el hambre, ansían entrar en el mundo de los triunfadores, los reyes, los que pudieron salir de Secondigliano; los camorristas. Esos siempre idealizados miembros de las bandas criminales que, en un barrio pobre de Italia, eran canonizados como semidioses, eran el arquetipo al que aspirar para dejar de ser esclavos de un sistema que sólo ve ratas, que los hacinan en casuchas, sin oportunidades, sin educación, sin esperanza.
La serie nos sitúa en la adolescencia de Pietro Savastano, protagonista y patriarca de ‘Gomorra’, funcionando así como precuela y casi como un slice of life del chaval que entra al mundo de la violencia como quien entra a una carrera universitaria; con fe y sin nada que perder. Siendo un nadie, es apadrinado por Angelo, un delincuente local de su barrio. Pietro comprenderá pronto que esa vida que siempre ha anhelado como la solución a todos sus problemas, no es tan brillante como esperaba. Para llegar a la cima, formar tu propia familia respetada con un apellido que cause pavor en quien lo nombre en los barrios donde la droga y la violencia son la ley, solo necesitas convertirte en el mayor cabrón que haya visto el ser humano. En tan solo seis episodios, Roberto Saviano y Marco D'Amore vuelven a ponerse tras los mandos del universo que catapultó una de las mejores series de los últimos años, no tanto por su temática sino por su complejidad e impacto en la sociedad, para ofrecernos una historia sobre orígenes cuando no sabes de dónde vienes, una historia que no mira hacia el vientre del que sales, sino al ataúd en el que acabarás. Es una historia de muerte y venganza, porque cuando el infierno es tu punto de partida, todo lo demás parece un apacible baño en el mar. Calmado, pero siempre atento a que una ola traicionera no decida dispararte por la espalda.
La serie nos sitúa en la adolescencia de Pietro Savastano, protagonista y patriarca de ‘Gomorra’, funcionando así como precuela y casi como un slice of life del chaval que entra al mundo de la violencia como quien entra a una carrera universitaria; con fe y sin nada que perder. Siendo un nadie, es apadrinado por Angelo, un delincuente local de su barrio. Pietro comprenderá pronto que esa vida que siempre ha anhelado como la solución a todos sus problemas, no es tan brillante como esperaba. Para llegar a la cima, formar tu propia familia respetada con un apellido que cause pavor en quien lo nombre en los barrios donde la droga y la violencia son la ley, solo necesitas convertirte en el mayor cabrón que haya visto el ser humano. En tan solo seis episodios, Roberto Saviano y Marco D'Amore vuelven a ponerse tras los mandos del universo que catapultó una de las mejores series de los últimos años, no tanto por su temática sino por su complejidad e impacto en la sociedad, para ofrecernos una historia sobre orígenes cuando no sabes de dónde vienes, una historia que no mira hacia el vientre del que sales, sino al ataúd en el que acabarás. Es una historia de muerte y venganza, porque cuando el infierno es tu punto de partida, todo lo demás parece un apacible baño en el mar. Calmado, pero siempre atento a que una ola traicionera no decida dispararte por la espalda.
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Por cuatro perras
Crítica de Sandris
hace 3 meses
8
No siempre podemos salvar a nuestros amigos de sus propios demonios, pero lo que sí podemos hacer es lanzarles un salvavidas, un chaleco bien fosforito que se infle lo suficiente para que puedan mantenerse a flote en este mar bravío que son las calles, que es la vida. Puede que no podamos salvarlos, pero al menos podemos quedarnos a su lado sintiendo que hemos hecho todo lo posible, que lo hemos dado todo y que eso puede ser más que suficiente; porque cuando estás perdida, cuando te has quedado vacía y ya lo único que queda es tirar la toalla, comienzas a entender que la vida iba de esto. Echar una mano cuando haga falta y recibir la mano cuando te toque a ti, como un ciclo sin fin en el que sentirte arropada y dejarte arropar por la gente que quemaría barcos por ti. De esto trata la nueva serie de Zerocalcare, de los límites que estamos dispuestos a transgredir para ayudar a los amigos que se ven envueltos en situaciones de lo más chapuceras. ‘Por cuatro perras’ sigue la tónica de sus dos anteriores producciones en cuanto a denuncia social y la representación de los márgenes de esa Roma que no sale en los catálogos y tik toks de viajeros. Las calles, las palizas, los matones, las deudas, el maltrato, las relaciones tóxicas y la perpetua crisis existencial de no saber cuál es tu sitio, son los protagonistas de esta historia en la que Jabalí, amigo de Zero, Sarah y Secco se ve envuelto en una deuda elevada con los matones del barrio. Desesperado, Jabalí acude a su amigo Zero para que le ayude a pagar y así conservar todos sus órganos dentro de su cuerpo, pero ninguna historia es tan sencilla y ningún problema real se soluciona en ocho capítulos animados.
Como siempre, Zerocalcare toma una trama y construye a través de la misma una fábula sobre sus preocupaciones, sus inseguridades, sus miedos y su perpetua frustración consigo mismo. Es complejo sentirte satisfecho con lo que has logrado cuando eres incapaz de dejar entrar al mundo real, a tu familia y tus amigos en tu verdadero ser. Si levantas los muros cada vez que te ves expuesto a situaciones que podrían ser lo que en realidad buscabas, solo te toca proteger la alcantarilla y rezar porque los monstruos que viven dentro de ti, te dejen en paz un ratito más. Al final, la moraleja de la serie si es que queremos buscar alguna, puede resumirse en que la vida no se trata de los grandes gestos. Trata de quién te trae unas regalices porque sabe que has tenido un mal día, quién te deja dinero porque estás en un problemón de narices, quién sigue pensando en ti cuando te han apartado de la sociedad o quién escucha pacientemente tus rayadas por la quinta ruptura con tu pareja en un mes, porque eso hacen los amigos. No somos superhéroes, no podemos salvar a todos los que queremos, pero podemos intentarlo y en intentarlo cabe toda la fuerza del universo.
«¿Y a ti qué te pasa? No me respondió, pero yo sé a qué se refería. Es esa cosa que se te queda ahí dentro en el fondo del estómago, incluso cuando estás seguro de que ya te has deshecho de todo y crees que ya no puede hacerte daño… Reaparece y sigue jodiéndote. Te mata y te vuelve a matar mil veces en una sola vida, solo espero que esta vez sea la buena».
Como siempre, Zerocalcare toma una trama y construye a través de la misma una fábula sobre sus preocupaciones, sus inseguridades, sus miedos y su perpetua frustración consigo mismo. Es complejo sentirte satisfecho con lo que has logrado cuando eres incapaz de dejar entrar al mundo real, a tu familia y tus amigos en tu verdadero ser. Si levantas los muros cada vez que te ves expuesto a situaciones que podrían ser lo que en realidad buscabas, solo te toca proteger la alcantarilla y rezar porque los monstruos que viven dentro de ti, te dejen en paz un ratito más. Al final, la moraleja de la serie si es que queremos buscar alguna, puede resumirse en que la vida no se trata de los grandes gestos. Trata de quién te trae unas regalices porque sabe que has tenido un mal día, quién te deja dinero porque estás en un problemón de narices, quién sigue pensando en ti cuando te han apartado de la sociedad o quién escucha pacientemente tus rayadas por la quinta ruptura con tu pareja en un mes, porque eso hacen los amigos. No somos superhéroes, no podemos salvar a todos los que queremos, pero podemos intentarlo y en intentarlo cabe toda la fuerza del universo.
«¿Y a ti qué te pasa? No me respondió, pero yo sé a qué se refería. Es esa cosa que se te queda ahí dentro en el fondo del estómago, incluso cuando estás seguro de que ya te has deshecho de todo y crees que ya no puede hacerte daño… Reaparece y sigue jodiéndote. Te mata y te vuelve a matar mil veces en una sola vida, solo espero que esta vez sea la buena».
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El cineclub
Crítica de Sandris
hace 4 meses
7.5
Parte de mi vida he entendido el cine casi como una actividad solitaria. Elegía una película, le daba al play y listo, no había coloquio con los amigos, no había intercambio de impresiones, no había vida más allá de ese visionado. Muchos hemos desarrollado esta pasión tan personal y especial que es verte una o doscientas películas al año, simplemente por el mero hecho de que te hacen sentir bien, acompañada, abrazada. He tardado tiempo en dejar a mis amigos entrar dentro de esta parte de mí, quizá porque esa alma cinéfila que llevamos dentro es muy sensible y, sobre todo, muy vulnerable. Para mí es como quitarte el candado que te recubre y esperar que no te hagan papilla. Disfrutar del cine con los amigos es casi el placer más elevado que alguien puede disfrutar y, aunque hay mucho encanto en prepararte tu propio ritual y verte la filmografía de Wes Anderson, Céline Sciamma o Xabier Dolan, compartir lo que te gusta, siempre es más gratificante. Porque esa es la magia que nos permite conocer a otras personas con nuestra misma pasión de la manera más extraña posible, simplemente porque habéis visto lo mismo, empezáis a hablar y conectáis. De esto va ‘El cineclub’ más o menos. En tan sólo seis episodios se nos presenta a Evie que, tras sufrir una crisis de ansiedad comienza a sufrir agorafobia severa, lo que la impide salir de casa durante meses. Incapaz de poder vivir en el mundo exterior al igual que sus amigos, decide continuar con la tradición de su cineclub y ver una película juntos los cuatro cada viernes en su garaje siempre customizado siguiendo la temática de la película escogida. Más allá de la situación mental que está sufriendo Evie, superada por las expectativas de la vida adulta, permanece intacta su conexión con Noah. Aparte de ser su mejor amigo y su persona, es el amigo cinéfilo que entiende todas sus referencias, sus humores y sus silencios.
Dirigida por Aimee Lou Wood y Ralph Davis, la serie intenta sumergirnos de lleno en el encanto que produce verte una peli tras la desesperanza que supone la vida diaria, tras los días de mierda, los corazones rotos, el dolor y la incapacidad de ser tú mismo de nuevo. Esa euforia de salir del cine tras ver una película que te ha cambiado la vida, el llanto ante una película que te rompe el alma, la risa que te produce una película justo cuando más la necesitabas. Esos son los verdaderos hilos invisibles que nos siguen manteniendo con los pies en la tierra, pisando cemento, haciendo nuestro camino, a salvo y siempre acompañados. Porque cuando la cabeza falla, los planes vitales fallan y el cuerpo falla, una buena película con tus amigos puede ser el salvavidas que necesitabas para sentirte viva de nuevo. O al menos para coger carrerilla y aprender a caminar de nuevo.
Dirigida por Aimee Lou Wood y Ralph Davis, la serie intenta sumergirnos de lleno en el encanto que produce verte una peli tras la desesperanza que supone la vida diaria, tras los días de mierda, los corazones rotos, el dolor y la incapacidad de ser tú mismo de nuevo. Esa euforia de salir del cine tras ver una película que te ha cambiado la vida, el llanto ante una película que te rompe el alma, la risa que te produce una película justo cuando más la necesitabas. Esos son los verdaderos hilos invisibles que nos siguen manteniendo con los pies en la tierra, pisando cemento, haciendo nuestro camino, a salvo y siempre acompañados. Porque cuando la cabeza falla, los planes vitales fallan y el cuerpo falla, una buena película con tus amigos puede ser el salvavidas que necesitabas para sentirte viva de nuevo. O al menos para coger carrerilla y aprender a caminar de nuevo.
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Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette
Crítica de Sandris
hace 5 meses
8
Entre las frenéticas oficinas de Calvin Klein y la élite político – social de los años 90 en Estados Unidos, dos personajes destacaban en medio de sus circunstancias, rodeados de gente pero aislados en cierta forma, casi dos almas que esperaban encontrarse, encontrar ese algo intangible que cuando hace click, todo encaja. Carolyn Besette y su icónica melena rubia deslumbra con su belleza y talento en los bastidores de Calvin Klein. Su ojo para la moda, para encontrar la prenda perfecta y su pericia a la hora de encontrar a los mejores modelos, la sitúan en un lugar privilegiado dentro de la empresa. Lugar que se ha tenido que ganar a pulso siendo una curranta nata desde casi su adolescencia. Por otro lado, en un mundo totalmente opuesto al de Carolyn, nos encontramos con John F. Kennedy Jr., hijo del presidente asesinado y Jackie Kennedy. Un hombre que dispone de todos los medios a su alcance para convertirse en la persona que quiera ser, aunque ni siquiera él mismo parezca saber qué quiere ser. Es como ver un niño grande que quiere ser mayor pero no sabe jugar al juego de los mayores.
Con la fuerza de un tsunami que se lo lleva todo por delante, Carolyn y John se conocen en una fiesta. Todo explota, el mundo deja de percibirse como una sustancia que nos rodea, estable y sujeta. La realidad adquiere matices sutiles pero directos, hermosos pero oscuros, la realidad se convierte en una de las historias de amor más llamativas del siglo XX y, por tanto, una de las que más han llamado la atención de los paparazzis de medio mundo. La nueva serie de Ryan Murphy se centra en la historia de amor de dos personas destinadas a encontrarse, pero quizás, dos personas demasiado diferentes que acaban perdiéndose a sí mismos en el otro. Porque cuando se ama tanto, tendemos a olvidar el impacto de la vida real en nuestra nueva realidad. Como un pájaro que choca violentamente contra la ventada de nuestra casa, Carolyn verá como su vida se va convirtiendo en agua estanca, víctima del shaming de los paparazzi, acabará por preguntarse si esta es de verdad la vida que merece vivir.
No sé si desconocía esta historia o simplemente la había borrado de mi mente, pero ha sido una auténtica sorpresa encontrarme con una serie tan sutil, elegante delicada, desgarradora y trágica. Todo al mismo tiempo. Como guinda para este maravilloso pastel, suenan Radiohead, Portishead, Duran Duran, Lana del Rey, The Cranberries o Jeff Buckley, firmando una carta de amor a la nostalgia de los 90 que se convierte en un auténtico regalo. No todas las historias de amor están guardadas en los anales de la historia y muchos ni siquiera queremos recordar las propias, pero existe algo mágico en ver a dos personas enamorarse locamente contra todo pronóstico, quererse y pelearse por las calles como si no hubiese una docena de fotógrafos en cada esquina. Quizás el amor no esté hecho para durar eternamente y todo tenga fecha de caducidad, pero dos pares de ojos que se miran como si no existiese nada más en el universo, siempre será mejor que guardar el corazón bajo cien candados de acero.
«-I don’t want it to end.
-It won’t.
-Everything ends.
-Not us».
Con la fuerza de un tsunami que se lo lleva todo por delante, Carolyn y John se conocen en una fiesta. Todo explota, el mundo deja de percibirse como una sustancia que nos rodea, estable y sujeta. La realidad adquiere matices sutiles pero directos, hermosos pero oscuros, la realidad se convierte en una de las historias de amor más llamativas del siglo XX y, por tanto, una de las que más han llamado la atención de los paparazzis de medio mundo. La nueva serie de Ryan Murphy se centra en la historia de amor de dos personas destinadas a encontrarse, pero quizás, dos personas demasiado diferentes que acaban perdiéndose a sí mismos en el otro. Porque cuando se ama tanto, tendemos a olvidar el impacto de la vida real en nuestra nueva realidad. Como un pájaro que choca violentamente contra la ventada de nuestra casa, Carolyn verá como su vida se va convirtiendo en agua estanca, víctima del shaming de los paparazzi, acabará por preguntarse si esta es de verdad la vida que merece vivir.
No sé si desconocía esta historia o simplemente la había borrado de mi mente, pero ha sido una auténtica sorpresa encontrarme con una serie tan sutil, elegante delicada, desgarradora y trágica. Todo al mismo tiempo. Como guinda para este maravilloso pastel, suenan Radiohead, Portishead, Duran Duran, Lana del Rey, The Cranberries o Jeff Buckley, firmando una carta de amor a la nostalgia de los 90 que se convierte en un auténtico regalo. No todas las historias de amor están guardadas en los anales de la historia y muchos ni siquiera queremos recordar las propias, pero existe algo mágico en ver a dos personas enamorarse locamente contra todo pronóstico, quererse y pelearse por las calles como si no hubiese una docena de fotógrafos en cada esquina. Quizás el amor no esté hecho para durar eternamente y todo tenga fecha de caducidad, pero dos pares de ojos que se miran como si no existiese nada más en el universo, siempre será mejor que guardar el corazón bajo cien candados de acero.
«-I don’t want it to end.
-It won’t.
-Everything ends.
-Not us».
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Takopi's Original Sin
Crítica de Sandris
hace 8 meses
7
Hacía tiempo que una serie no me dejaba tan mal cuerpo y, al mismo tiempo, me dejaba un poderoso poso en lo más profundo de mi ser. Allá donde ni yo misma quiero acudir, en ese lugar oscuro que durante muchos años ha regido a mi cerebro, a mis pensamientos y a mi vida. No es fácil salir de una misma, ni tampoco es fácil habitarse cuando tu cuerpo encierra en sí mismo el origen mismo de todos tus problemas, tus dilemas y tus sufrimientos. Sólo los que han atravesado el infierno personal, comprenderán lo complejo que resulta siquiera querer ver la luz de un nuevo día, porque cual Sísifo empujando su roca una y otra vez, el infierno nunca quiere soltarte del todo. Se calla, duerme, parece que se ha olvidado de ti, pero nunca es así. A veces, la única forma de vivir es luchar contra ti misma, intentar ganarte la partida y darte las gracias por permitirte habitarte desde un nuevo prisma, más honesto, más bonito, más sincero y más amable. ‘Takopi’s original sin’ me ha hecho replantearme muchas cosas en tan sólo seis episodios, tantas que siento que mi estómago se ha convertido en una centrifugadora incapaz de procesar todas las violencias que aparecen en pantalla. Porque esta es una historia protagonizada por niños víctimas de acoso escolar, palizas, violencia familiar, abandono, desapego, soledad y de las decisiones que se toman cuando no se ve la salida. Es esta una historia en la que tu infancia y adolescencia dejan de ser tuyas, dejas de ser una persona para ser un algo, un algo que cede sus mejores recuerdos a un verdugo que siempre te esperará con la horca preparada.
Por la sinopsis podría esperarse un anime más animado con la presencia de un pulpo espacial procedente del “Planeta Feliz”; un planeta donde todo, evidentemente, es felicidad. Lo que nuestro adorable pulpo desconoce es la complejidad de las emociones humanas, la complejidad de nuestros comportamientos y la complejidad de nuestras acciones. Una respuesta puede ser un ataque, un acto de amor puede ser casi una cuchillada y una disculpa puede convertirse en la sangre que brota de una herida. Ni Shizuka, Marina o Azuma son perfectos, porque no deben serlo, sólo son niños incapaces de huir del entorno familiar que los encarcela y castiga como si fuesen los peores criminales del mundo. Son niños víctimas y verdugos todos de sus circunstancias, que aprenderán por las malas las implicaciones que tienen sus actos, pero también se darán la oportunidad de comprenderse, como sólo los amigos de verdad pueden hacerlo. Amigos dispuestos a sacarte del infierno por los pelos si hace falta, porque merece la pena quedarse y merece la pena volver a sentirte viva de nuevo. Aunque necesites un pequeño empujoncito para verlo.
Por la sinopsis podría esperarse un anime más animado con la presencia de un pulpo espacial procedente del “Planeta Feliz”; un planeta donde todo, evidentemente, es felicidad. Lo que nuestro adorable pulpo desconoce es la complejidad de las emociones humanas, la complejidad de nuestros comportamientos y la complejidad de nuestras acciones. Una respuesta puede ser un ataque, un acto de amor puede ser casi una cuchillada y una disculpa puede convertirse en la sangre que brota de una herida. Ni Shizuka, Marina o Azuma son perfectos, porque no deben serlo, sólo son niños incapaces de huir del entorno familiar que los encarcela y castiga como si fuesen los peores criminales del mundo. Son niños víctimas y verdugos todos de sus circunstancias, que aprenderán por las malas las implicaciones que tienen sus actos, pero también se darán la oportunidad de comprenderse, como sólo los amigos de verdad pueden hacerlo. Amigos dispuestos a sacarte del infierno por los pelos si hace falta, porque merece la pena quedarse y merece la pena volver a sentirte viva de nuevo. Aunque necesites un pequeño empujoncito para verlo.
Valoraciones en tu crítica:
Hasta el fin del mundo
Temporada 1
Crítica de Sandris
hace 8 meses
7.5
Pues me ha resultado una muy grata sorpresa este programa, la verdad. San Pedro bien lo sabe que la televisión ha protagonizado tiempos mejores y que ahora mismo lo que reinan son las plataformas de contenidos donde agotamos cada minuto de nuestro tiempo libre. Pero por alguna razón, 'Hasta el fin del mundo' consiguió algo de lo que pocos programas pueden enorgullecerse y es el engancharme como una condenada cada semana. Una hazaña digna de cualquier dios mítico si tenemos en cuenta cómo funcionan los horarios y el prime time en este país, ya que para ver la final y no comerme los spoilers al día siguiente, me quedé hasta las 02:00 de la mañana en el sofá. Que "me voy a la Guardia Civil", como diría Belén Esteban.
El programa reúne a un grupo de seis parejas de participantes los cuales deben atravesar América latina sin teléfono, internet, tarjetas de crédito, dinero propio o cualquier tipo de contacto exterior a la experiencia. Al principio de la aventura se les asigna una cantidad de dinero que deben utilizar para garantizarse los viajes a través de los diferentes países que irán atravesando, siempre en autobús, taxis o contando con la generosidad de los lugareños que acepten llevarlos en sus propios coches. Nada de los aviones o trenes a los que todos están acostumbrados siendo personajes de renombre en la sociedad, la política o el mundo pop de este país. Con el dinero justo, deberán aceptar trabajos por el camino para ganarse el sustento y poder encontrar lugares donde dormir y comer, al tiempo que pueden maravillarse con las vistas que atraviesan en Costa Rica, Perú, Bolivia, Panamá, Colombia, Ecuador, Chile y Argentina. El objetivo es llegar a Ushuaia en la Patagonia argentina (tildado por muchos como el fin del mundo) los primeros y haber completado así el viaje.
Siendo así, el programa se convierte en una especie de viaje del héroe, donde evidentemente todos quieren ganar y llegar los primeros, pero son varios concursantes los que se sorprenden entendiendo que no sólo se trata de una aventura física, sino que a lo mejor es justo lo que necesitaban en ese justo momento para mejorar su salud mental, salir del caos de la ciudad y vivir algo único. Una experiencia sin precedentes que transformará a muchos y se convertirá en una cura de humildad para otros. Sin duda, se trata de una propuesta muy interesante, divertida, agobiante por momentos y, sobre todo, muy emotiva porque el que viaja a Ítaca, nunca es el mismo que vuelve a casa.
El programa reúne a un grupo de seis parejas de participantes los cuales deben atravesar América latina sin teléfono, internet, tarjetas de crédito, dinero propio o cualquier tipo de contacto exterior a la experiencia. Al principio de la aventura se les asigna una cantidad de dinero que deben utilizar para garantizarse los viajes a través de los diferentes países que irán atravesando, siempre en autobús, taxis o contando con la generosidad de los lugareños que acepten llevarlos en sus propios coches. Nada de los aviones o trenes a los que todos están acostumbrados siendo personajes de renombre en la sociedad, la política o el mundo pop de este país. Con el dinero justo, deberán aceptar trabajos por el camino para ganarse el sustento y poder encontrar lugares donde dormir y comer, al tiempo que pueden maravillarse con las vistas que atraviesan en Costa Rica, Perú, Bolivia, Panamá, Colombia, Ecuador, Chile y Argentina. El objetivo es llegar a Ushuaia en la Patagonia argentina (tildado por muchos como el fin del mundo) los primeros y haber completado así el viaje.
Siendo así, el programa se convierte en una especie de viaje del héroe, donde evidentemente todos quieren ganar y llegar los primeros, pero son varios concursantes los que se sorprenden entendiendo que no sólo se trata de una aventura física, sino que a lo mejor es justo lo que necesitaban en ese justo momento para mejorar su salud mental, salir del caos de la ciudad y vivir algo único. Una experiencia sin precedentes que transformará a muchos y se convertirá en una cura de humildad para otros. Sin duda, se trata de una propuesta muy interesante, divertida, agobiante por momentos y, sobre todo, muy emotiva porque el que viaja a Ítaca, nunca es el mismo que vuelve a casa.
Valoraciones en tu crítica:
Carol y el fin del mundo
Crítica de Sandris
hace 10 meses
7
Faltan apenas seis meses para que el mundo se esfume y con el inminente fin de todo lo conocido, nos asaltan ese tipo de dudas que pululan nuestros pensamientos insomnes. ¿Nos armaríamos de valor para hacer cualquier cosa? ¿Haríamos por fin ese viaje soñado que siempre fue imposible de cuadrar? ¿Correríamos por las carreteras al grito de "la muerte nos hará libres" con un sombrero de papel de aluminio? O ¿Simplemente seguiríamos siendo la misma persona que somos, haciendo las mismas cosas como si todo siguiera igual? ¿Qué pasaría si no tuviésemos grandes sueños o grandes aventuras por vivir? Supongo que seríamos como Carol, una mujer normal y corriente que ante la noticia que pronostica el fin del mundo, sigue haciendo lo mismo día tras día. Mientras su hermana hace paracaidismo, su amiga vuelve del Tíbet y los demás seres humanos viven en una fiesta perpetua, Carol habita sus espacios como si no le perteneciesen, como si todo su ser fuese una molestia, algo nada reseñable y, por tanto, algo tan minúsculo que ni siquiera posee un sueño que cumplir antes de morir. Es entonces cuando decide intentar buscarle el sentido a su vida antes de que sea demasiado tarde, porque nunca es tarde para descubrir quién eres.
Sin saber qué hacer para tratar de mejorar sus últimos meses en el mundo, Carol encuentra La Distracción, una oficina que sigue funcionando como si nada. Quizás porque algunos estamos tan programados para hacer cosas que no sabemos qué hacer cuando paramos. Será en este complejo edificio, donde nuestra protagonista aprenda a dejar de vivir dentro de su cabeza, para aprender a vivir en una comunidad que verdaderamente la acepta por cómo es.
Con una estética preciosa, no deja de ser una crítica a todos esos objetivos imposibles que nos ponemos; objetivos que sólo sirven para fardar ante amigos o compañeros de trabajo. Cuando la realidad es que vivir no es perseguir la ola más grande del mundo, irte al Tíbet a reflexionar o vivir de fiesta en fiesta 24/7. A veces vivir es, simplemente, sentarte en una mesa rodeada de tus amigos mientras os coméis un buen risotto o una tortilla, os bebéis unas estupendas cervezas, empezáis a contar anécdotas o a recordar momentos embarazosos y lloráis porque sentís que el mundo se acaba. Y si realmente se acaba, pues que sea rodeada de gente chulísima.
Sin saber qué hacer para tratar de mejorar sus últimos meses en el mundo, Carol encuentra La Distracción, una oficina que sigue funcionando como si nada. Quizás porque algunos estamos tan programados para hacer cosas que no sabemos qué hacer cuando paramos. Será en este complejo edificio, donde nuestra protagonista aprenda a dejar de vivir dentro de su cabeza, para aprender a vivir en una comunidad que verdaderamente la acepta por cómo es.
Con una estética preciosa, no deja de ser una crítica a todos esos objetivos imposibles que nos ponemos; objetivos que sólo sirven para fardar ante amigos o compañeros de trabajo. Cuando la realidad es que vivir no es perseguir la ola más grande del mundo, irte al Tíbet a reflexionar o vivir de fiesta en fiesta 24/7. A veces vivir es, simplemente, sentarte en una mesa rodeada de tus amigos mientras os coméis un buen risotto o una tortilla, os bebéis unas estupendas cervezas, empezáis a contar anécdotas o a recordar momentos embarazosos y lloráis porque sentís que el mundo se acaba. Y si realmente se acaba, pues que sea rodeada de gente chulísima.
Valoraciones en tu crítica:
Nana
Crítica de Sandris
hace 10 meses
8
«¿Sabes Hachi? Desde ese entonces, si he sido capaz de levantarme cada vez que me derrumbaba, ha sido porque sabía que tú estabas mirándome».
Qué difícil es hablar de la amistad, qué difícil es entenderla y qué difícil es dejarla ir cuando esas dinámicas que antes lo significaban todo en tu vida, ya no funcionan. Poca gente ha entendido la amistad femenina mejor que Elena Ferrante con su tetralogía de las 'Dos amigas', en la que se refleja a dos amigas imperfectas, tóxicas por momentos, magnéticamente unidas la una a la otra y sin poder sobrevivir sin su otra análoga. Al igual que Elena Ferrante, Ai Yazawa convierte su manga y este anime, en un territorio de amor, magia y la presencia de larga sombra de la incomprensión y la soledad que acecha a cada alma sin aviso.
Dos amigas que comparten nombre se encuentran por casualidad en un tren con destino a Tokio. No se conocen de nada, pero tan pronto como se juntan sus miradas en ese tren varado por la nieve, Nana Ōsaki y Nana Komatsu existen. Como si todo lo que las hubiese llevado hasta ese punto exacto de sus vidas estuviese difuminado. Existen ahora que se han conocido y que emprenderán el camino la una al lado de la otra. Nana Ōsaki sueña con ser cantante de rock, así que se sube a ese tren persiguiendo un ideal casi inalcanzable y con el corazón tan destrozado que, si prestamos atención, casi podemos escuchar los cristales rotos que lo componen. Por su parte, Nana Komatsu se sube a ese tren en busca del amor. Busca llegar a Tokio para sorprender a su novio, con el corazón llameante y una determinación imposible de ignorar. Ambas se encontrarán viviendo en el mismo piso, entendiendo entonces lo que significa tener una familia de verdad, alguien que te quiere sin compartir tu sangre y que te protegerá a pesar de ti misma.
Ninguna de las dos es perfecta y ahí radica el encanto de esta historia. Nos muestra la vida tal y como es, nos pone frente a la cara lo imbéciles que podemos llegar a ser en nombre del amor, nos enseña lo egoístas que podemos llegar a ser cuando alguien que queremos se va de nuestro lado, nos muestra el lado oscuro de la amistad, cuando quieres tanto a alguien que sólo queda dejarla ir para que pueda encontrar su camino. Y, sobre todo, nos muestra que las conexiones que entablamos con las personas que más peso tienen en nuestra vida, surgen de la nada, como un chispazo, la llama de una vela, un cometa cruzando el cielo, unos vasos con fresas moteadas y dos corazones que laten al unísono. Como dos almas que se reconocen en medio de nada, dos almas que aunque no estén destinadas la una a la otra, siempre recordarán el estallido, el abrazo y su razón de ser.
«I think they are people that help you become the person that you end up being, and you can be grateful for them... Even if they were never meant to be in your life forever», ('Bojack Horseman').
Qué difícil es hablar de la amistad, qué difícil es entenderla y qué difícil es dejarla ir cuando esas dinámicas que antes lo significaban todo en tu vida, ya no funcionan. Poca gente ha entendido la amistad femenina mejor que Elena Ferrante con su tetralogía de las 'Dos amigas', en la que se refleja a dos amigas imperfectas, tóxicas por momentos, magnéticamente unidas la una a la otra y sin poder sobrevivir sin su otra análoga. Al igual que Elena Ferrante, Ai Yazawa convierte su manga y este anime, en un territorio de amor, magia y la presencia de larga sombra de la incomprensión y la soledad que acecha a cada alma sin aviso.
Dos amigas que comparten nombre se encuentran por casualidad en un tren con destino a Tokio. No se conocen de nada, pero tan pronto como se juntan sus miradas en ese tren varado por la nieve, Nana Ōsaki y Nana Komatsu existen. Como si todo lo que las hubiese llevado hasta ese punto exacto de sus vidas estuviese difuminado. Existen ahora que se han conocido y que emprenderán el camino la una al lado de la otra. Nana Ōsaki sueña con ser cantante de rock, así que se sube a ese tren persiguiendo un ideal casi inalcanzable y con el corazón tan destrozado que, si prestamos atención, casi podemos escuchar los cristales rotos que lo componen. Por su parte, Nana Komatsu se sube a ese tren en busca del amor. Busca llegar a Tokio para sorprender a su novio, con el corazón llameante y una determinación imposible de ignorar. Ambas se encontrarán viviendo en el mismo piso, entendiendo entonces lo que significa tener una familia de verdad, alguien que te quiere sin compartir tu sangre y que te protegerá a pesar de ti misma.
Ninguna de las dos es perfecta y ahí radica el encanto de esta historia. Nos muestra la vida tal y como es, nos pone frente a la cara lo imbéciles que podemos llegar a ser en nombre del amor, nos enseña lo egoístas que podemos llegar a ser cuando alguien que queremos se va de nuestro lado, nos muestra el lado oscuro de la amistad, cuando quieres tanto a alguien que sólo queda dejarla ir para que pueda encontrar su camino. Y, sobre todo, nos muestra que las conexiones que entablamos con las personas que más peso tienen en nuestra vida, surgen de la nada, como un chispazo, la llama de una vela, un cometa cruzando el cielo, unos vasos con fresas moteadas y dos corazones que laten al unísono. Como dos almas que se reconocen en medio de nada, dos almas que aunque no estén destinadas la una a la otra, siempre recordarán el estallido, el abrazo y su razón de ser.
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