Redactada: 2026-01-16
Pues me ha resultado una muy grata sorpresa este programa, la verdad. San Pedro bien lo sabe que la televisión ha protagonizado tiempos mejores y que ahora mismo lo que reinan son las plataformas de contenidos donde agotamos cada minuto de nuestro tiempo libre. Pero por alguna razón, 'Hasta el fin del mundo' consiguió algo de lo que pocos programas pueden enorgullecerse y es el engancharme como una condenada cada semana. Una hazaña digna de cualquier dios mítico si tenemos en cuenta cómo funcionan los horarios y el prime time en este país, ya que para ver la final y no comerme los spoilers al día siguiente, me quedé hasta las 02:00 de la mañana en el sofá. Que "me voy a la Guardia Civil", como diría Belén Esteban.
El programa reúne a un grupo de seis parejas de participantes los cuales deben atravesar América latina sin teléfono, internet, tarjetas de crédito, dinero propio o cualquier tipo de contacto exterior a la experiencia. Al principio de la aventura se les asigna una cantidad de dinero que deben utilizar para garantizarse los viajes a través de los diferentes países que irán atravesando, siempre en autobús, taxis o contando con la generosidad de los lugareños que acepten llevarlos en sus propios coches. Nada de los aviones o trenes a los que todos están acostumbrados siendo personajes de renombre en la sociedad, la política o el mundo pop de este país. Con el dinero justo, deberán aceptar trabajos por el camino para ganarse el sustento y poder encontrar lugares donde dormir y comer, al tiempo que pueden maravillarse con las vistas que atraviesan en Costa Rica, Perú, Bolivia, Panamá, Colombia, Ecuador, Chile y Argentina. El objetivo es llegar a Ushuaia en la Patagonia argentina (tildado por muchos como el fin del mundo) los primeros y haber completado así el viaje.

Siendo así, el programa se convierte en una especie de viaje del héroe, donde evidentemente todos quieren ganar y llegar los primeros, pero son varios concursantes los que se sorprenden entendiendo que no sólo se trata de una aventura física, sino que a lo mejor es justo lo que necesitaban en ese justo momento para mejorar su salud mental, salir del caos de la ciudad y vivir algo único. Una experiencia sin precedentes que transformará a muchos y se convertirá en una cura de humildad para otros. Sin duda, se trata de una propuesta muy interesante, divertida, agobiante por momentos y, sobre todo, muy emotiva porque el que viaja a Ítaca, nunca es el mismo que vuelve a casa.

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