Crítica de La trinchera infinita por Sandris
La claustrofobia se estampa contra el sueño de ver el mar. De la nostalgia por sentir su olor por primera vez y sentir que, por fin, Rosa e Higinio son libres de sentir, querer y ser lo que ambos quieran sentir, querer y ser. Treinta años de una vida perdidos por una guerra en la que, a fin de cuentas, nadie ha ganado. Solo hay vencidos. Solo hay víctimas.
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