El punto fuerte de esta temporada es, aparte de la incorporación de la Princesa de Gales y los escarceos del Príncipe Carlos con Camila Parker-Bowles, la incursión de las problemáticas sociales británicas de la época como los atentados del IRA a la Casa Real o la tensión imperante entre la Primera Ministra, Margaret Tatcher y la reina. Un juego de poder que no tiene nada que envidiar a las mejores temporadas de 'Juego de Tronos'. La puesta en escena siempre es de diez, al igual que los decorados, vestuario y caracterizaciones y esta vez no ha sido una excepción.
Diez capítulos que saben a poco, así que solo nos queda disfrutar de este Gran Hermano a lo royalty y regocijarnos en las triquiñuelas monárquicas que están sembrando bastantes discordias en el propio Buckingham Palace (ahí es nada, amiguis).
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