A pesar de que no es my cup of tea, como se suele decir, algunos personajes tienen evoluciones muy interesantes. He disfrutado especialmente del papel de Peggy o Joan, dos mujeres que se tienen que abrir paso en un mundo tan misógino y que lo hacen de maneras muy distintas para terminar siendo amigas. Betty, por su parte, representa el papel de ama de casa americana de la época que disecciona Betty Friedan en La mística de la feminidad y que no puede escapar de ello porque toda su identidad está construida sobre ese restrictivo rol de la mujer que debe ser feliz siendo esposa, madre y preocupándose por su casa y su belleza. Pero ella es infeliz y a menudo caprichosa e irritante. Betty tiene un final que me ha dolido, tras una vida tan vacía que se acaba por un diagnóstico de cáncer justo cuando había decidido empezar a estudiar psicología, porque es la única protagonista que tiene un final así de triste.
A menudo es una serie bastante lenta (hay que reconocer que hacer anuncios no parece la trama más interesante del mundo y a veces a una le cansa estar escuchando a hombres con el ego del tamaño de una catedral bebiendo, fumando, presumiendo de dinero y haciendo bromas machistas), pero a la larga tiene sus cosillas disfrutables. Si tienes paciencia y te interesan series con estas características, adelante, si no probablemente no sea para ti.
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