Las actuaciones tampoco destacan, ninguna, quizás quedan opacadas por el mérito de la película que no es otro que la imagen. Muy en la línea del terror gótico que es lo que busca el director, con colores pálidos, apagados, con predominio del blanco y negro, y casi oculta el contenido de la historia.
Tampoco destaca Nosferatu, muy caracterizado Bill Skarsgard, pero para mí gusto mal caracterizado.
Nosferatu no puede llevar ese pelo y ese bigote, todo en él recuerda al típico borracho de tasca, de pelo ralo y grasiento, bello facial descuidado, y seguramente un olor corporal más desagradable que la humedad de su castillo.
Desprende más carisma el Conde Brácula de chiquito que este Nosferatu, y eso es un problema, porque el personaje es un caramelo, siempre lo ha sido, desde que fue sublimemente creado por el señor Stoker, y ni actor ni director le han dado la importancia que debían.
Esa importancia se la dan a Ellen, que sin ánimo de desmerecer, no se gana para mi gusto la cantidad de focos que recibe.
En definitiva sólo puede llevarse el mérito estético, y ese se lo reconozco sin problemas, pero todo lo demás es de Murnau hace más de un siglo, aunque tampoco quiero dar mérito a quién deliberadamente copió una obra maestra de la literatura y regateó los derechos para su beneficio.
Y es que donde se ponga el Drácula de marca registrada, con su estilazo, pelo engominado y capa bicolor (la única persona que lleva la capa con más clase es Ramonchu en fin de año) que se quiten sucedáneos descoloridos.
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