Crítica de La memoria infinita por RocioML
Mientras se nos va mostrando, mediante imágenes cotidianas del matrimonio (algunas incluso grabadas por la propia Pauli al sucederse en plena pandemia) la relación y su deterioro por la enfermedad, el documental intercala material de archivo donde vemos parte del trabajo periodístico desarrollado por Augusto en esos años oscuros de Chile, en plena dictadura, que posteriormente recogería en un libro llamado "Chile. La memoria prohibida". Los libros son una parte fundamental no solo para la memoria del país, sino para la memoria de Augusto. Son su ancla, su legado. Por eso, en algunos de los momentos más duros del documental, su mente siente el miedo de perderlos y clama por ellos como si estuviera perdiendo la vida misma.
Maite Alberdi tiene una sensibilidad única a la hora de inmiscuirnos en la intimidad de esta pareja sin traspasar jamás ni la línea del morbo ni la línea que pudiera repercutir en la imagen de Augusto en lo que fueron sus últimos años de vida, tras fallecer en mayo del año pasado a causa de la enfermedad. El documental, además, sin pretenderlo acaba reflejando muy bien las consecuencias de la pandemia a nivel mental, porque si bien al inicio vemos que la enfermedad del alzhéimer sobrevuela a Augusto pero, en líneas generales, es capaz de mantener cierta independencia y conversar con normalidad con su mujer, después somos testigo de cómo el aislamiento forzado que supuso el COVID acelera su demencia a pasos agigantados.
Es durísimo ver cómo esta maldita enfermedad va consumiendo la identidad de la persona, minándola a todos los niveles, destruyéndola y haciéndola sufrir sin paliativos. Y es durísimo ver a Paulina aguantar el tipo mientras parte de su vida también se va perdiendo y ella no puede hacer nada por evitarlo: tan solo puede estar, proteger y seguir queriendo a la persona que algún día fue, aunque ya no sea. En ese sentido, su papel a lo largo del documental me resulta heroico y un ejercicio de humanidad y amor que se convierte en lo más emotivo del mismo. Ojalá poder darle un abrazo y las gracias por la lección que nos ha regalado.
Y más allá del contenido, también quiero poner de relieve el detalle de cómo cada vez que asistimos a una crisis de Augusto la imagen se desenfoca. En parte pienso que para preservar cierta privacidad, pero en parte también para dejarnos claro cómo en esos momentos Augusto se estaba perdiendo a sí mismo. Cómo no es realmente él. Cómo se va difuminando poco a poco su identidad. Me parece de una belleza y una sutileza sublimes a la par que dolorosas. Eso es también el cine.
En definitiva, considero ‘La memoria infinita’ un documental imprescindible, no solo para acercarnos a la realidad de una enfermedad como el alzhéimer a quienes tenemos la suerte de no haberlo vivido de cerca por el momento sino también como guía para aquellos y aquellas que sí tienen un familiar que la sufra, a la vez que es un recordatorio de la importancia de mantener vivos nuestros recuerdos para que, incluso cuando ya no estemos, real o figuradamente, sigamos existiendo.
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