Redactada: 2026-01-13
Hace ya algunos años que dejé de ver la Fórmula 1, pero recuerdo como si fuese ayer aquellos días en los que hasta apetecía madrugar los fines de semana para hacerte un buen desayuno, ponerte la carrera y olvidarlo todo durante unas horas. El tiempo ha pasado y los hobbies cambian, pero este deporte tiene algo tan magnético que hace que siempre quieras más y, supongo que se debe a esto, el hecho de que el director Joseph Kosinski realice una película de dos horas y media en la que el tiempo vuela como los coches sobre el asfalto. Valga por delante que no suelo ser la espectadora más oportuna para este tipo de blockbusters, pero me he sorprendido a mí misma disfrutando muchísimo de la historia, los efectos, la tensión y la estupenda banda sonora. Me ha llevado a ese período en el que no podía apartar la mirada de la pantalla, en la que casi contaba yo misma los segundos que Fernando Alonso, Räikkönen o Hamilton pasaban en boxes… Esos segundos que transcritos a puntos acababan definiendo la victoria del campeonato del mundo. Aquí nos encontramos con Sonny Hayes, un antiguo corredor que tras un fatídico accidente decide abandonar para siempre el mundo del motor profesional y se dedica a participar en carreras ilegales mientras da rienda suelta a su adicción al juego. Su vida cambia por completo cuando un viejo amigo le propone que corra para él en su escudería de la Fórmula 1 junto a su piloto principal, Joshua Pierce. Joshua es joven y tiene las papeletas para cometer todos los errores que un chaval pueda cometer, mientras que Sonny tiene el historial de la experiencia, un carácter marrullero y una lealtad inquebrantable. Juntos se retroalimentarán para construir un nuevo camino que lleve a su escudería a lo más alto, aprendiendo ambos que en ocasiones ganar, no lo es todo.

Es pues una película trepidante en la que se nos muestra un deporte que se parece casi a una partida de ajedrez, porque a menudo ganan los más rápidos, las escuderías más pudientes, los coches más ligeros y los pilotos con más talento, pero a veces, la fortuna premia a los audaces, a aquellos que se atreven a arriesgar, a los que no corren para las mejores escuderías ni poseen la mejor técnica. A veces, simplemente ganan los que ven en una simple y única carrera entre coche toda su vida al completo, porque ven su propia grandeza en una pequeña oportunidad. Un film perfecto para una noche de palomitas con los amigos y aunque el interés romántico me ha sobrado bastante, merece la pena dejarse envolver por el rugir de los neumáticos una vez más.
Guion
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Banda sonora
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Interpretación
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Efectos
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Ritmo
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Dirección
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