Crítica de Bailar en la oscuridad por Sandris
Selma es una madre soltera con una enfermedad degenerativa que la va privando de visión con el paso de los días. Su precario trabajo en una fábrica como operadora y su esquivo hijo, provocan en Selma unas atroces ansias de escapar. Escapar a un mundo feliz, un mundo propio dentro de sí misma en el que todo sea hermoso, como en un musical: “Cuando trabajaba en la fábrica soñaba que estaba en un musical, porque en los musicales nunca pasa nada malo. Pero aquí hay tanto silencio...” . El único problema que tiene Selma es que es demasiado buena para este asqueroso mundo, un mundo gobernado por hipócritas, ladrones y personas dispuestas a todo con tal de conseguir sus deseos.
Björk realiza una interpretación que va más allá de los Oscar y de cualquier premio que exista; realiza una interpretación de las que te llegan a las tripas y se quedan prendidas en tu subconsciente como una estrella que lo ilumina todo. Su voz nunca se apaga, logrando que esta sea una de las películas más descorazonadoras que he visto nunca, pero la magia ni miente ni tiene trucos y ‘Bailar en la oscuridad’ es lo más parecido que existe a percibir la magia en una pantalla. Absolutamente cautivadora.
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