Clark (Chiwetel Ejiofor) es un arquitecto frustrado que trabaja y vive en una tienda de muebles. Está divorciado y acude a la psicóloga (Renate Reinsve) para controlar su temperamento. Una mierda de vida, pero como cualquier otra, hasta que un problema con las luces del local le lleva a descubrir que hay otra dimensión al otro lado de la pared de su sótano.
Movido por la curiosidad, decide entrar, llevándose con él a sus dos empleados , que solo están como carne de cañón . Pero en ese laberinto no solo hay habitaciones chungas y muebles tirados, sino que también hay cosas peores y, con cada incursión, nuestro protagonista va perdiendo poco a poco la cabeza. Todo esto sucede mientras una extraña organización, en la que trabaja Mark Duplass, al que tenía un poco perdida la pista, monitoriza lo que ocurre sin intervenir.
Me han gustado las actuaciones de Chiwetel Ejiofor, que consigue transmitir cómo Clark se va desquiciando poco a poco, y de Renate Reinsve, que hace lo que puede por ayudar a su paciente mientras intenta creer lo que le cuenta. Quizás el personaje de Renate Reinsve sea el que mejor sale parado, ya que, aunque también tiene sus traumas , parece que sabe cómo lidiar con esta dimensión sin que la repliquen o que su mente se quede atrapada allí.
Lo que más me ha gustado es su estética, con ese laberinto de habitaciones, las luces amarillentas y esa sensación de estar atrapado en un lugar del que parece imposible salir. Los momentos de cámara en mano, aunque ya estén bastante manidos en el cine de terror, le dan un toque de tensión, y las criaturas que acechan al otro lado de la pared contribuyen a crear una atmósfera de tensión.
Curiosa cuanto menos.
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