Crítica de Backrooms por MrPenguin

Redactada: 2026-06-28
Existen ciertos lugares que, aun sin albergar absolutamente nada, resultan insólitamente perturbadores. Una oficina abandonada, el sótano de un centro comercial o un pasillo que se extiende más allá de la razón. Espacios concebidos casi exclusivamente como lugares de paso y que, sin embargo, y tras permanecer ajenos a la presencia humana durante demasiado tiempo, parecen adquirir un aura extraña. Inquietante. Como si hubiesen olvidado cuál era su propósito o, peor aún, estuvieran esperando a que todos los que acabaron allí perdidos, sin objetivo ni rumbo vital aparente, encontrasen el suyo. Es quizás por eso que los conocidos como «Backrooms», como así dejan entrever los creepypastas de los que surgieron, han terminado convirtiéndose no solo en uno de los mitos más fascinantes de los últimos años, sino también en el ejemplo perfecto de que el auténtico horror, más que de lo meramente paranormal, nace de la ruptura entre aquello que todavía nos resulta familiar y lo que, por desgracia, ha dejado de serlo. En el caso de la película, esa misma sensación se acaba traduciendo en una angustiosa experiencia capaz de incomodar, trascender el terror convencional y convertir el espacio que nos rodea, junto con todo lo allí contenido, en una extensión más de la propia mente. Un inmenso laberinto donde materia, memoria e identidad se funden de manera casi indistinguible y en el que nuestro incauto protagonista, dueño de una tienda de muebles, iniciará un desconcertante viaje hacia todo aquello que nunca pudo —o no supo— dejar atrás.

Quizás lo más fascinante de 'Backrooms', así como lo que a su vez causará más rechazo, es que nunca parece interesada en responder a todo cuanto plantea. Kane Parsons, haciendo uso de esa máxima ya casi olvidada de sugerir antes que mostrar, nos introduce en una claustrofóbica pesadilla liminal donde cada pasillo conduce a otro idéntico, cada puerta promete una salida que jamás llega y cada habitación, dentro del infinito sinsentido geométrico que las define, parece contener algún tipo de recuerdo reprimido que ninguno de sus visitantes, tan desorientados en ese mundo paralelo como fuera de él, han aprendido todavía a procesar. Todo ello enfatizado por una puesta en escena intencionadamente opresiva y donde la propia construcción de tan abrumador universo, más asfixiante si cabe gracias a su inmersivo diseño de sonido, irá guiándonos poco a poco hasta un lisérgico final donde deberá ser cada espectador, para lo bueno y lo malo, quien extraiga su propia conclusión. Una propuesta sin duda extraña y arriesgada en su forma, pero también increíblemente creativa tanto en el aspecto puramente sensorial, de claras reminiscencias oníricas, como en su metafórico retrato de todas esas vidas que, casi en piloto automático, avanzan a través de infinitos pasillos pensando que la siguiente puerta será, al fin, la correcta. Y es que quizás el auténtico laberinto nunca estuvo realmente al otro lado del muro, sino en la manera en que todos nosotros, en mayor o menor medida, hemos aprendido a habitar el nuestro.
Guion
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Banda sonora
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Interpretación
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Efectos
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Ritmo
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Entretenimiento
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Duracion
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Fotografía
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Dirección
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