Diciendo esto, estaba claro que una serie como 'Ted Lasso' iba a gustarme, pero no esperaba que fuese a calarme tan hondo con sus mensajes de honor, apoyo, sacrificio y diversidad. Nos encontramos aquí con un entrenador de fútbol americano que se traslada a Londres para dirigir a un equipo de fútbol de baja categoría. Sin tener ni idea de cómo se juega este deporte, Ted con su positividad por bandera y su inseparable coach Beard, coge el toro por los cuernos. Al principio veía esa positividad demasiado tóxica, pero poco a poco y capa a capa, comienzas a ver que todos tenemos nuestros mecanismos de defensa y el de Ted es restarle importancia a todo.
A lo largo de estas tres temporadas, observaremos como el A.F.C. Richmond pasa por todas las etapas posibles, destacando gracias a un elenco de personajes tan brillante que pocas veces se podrá repetir. Desde un rumiante Roy Kent, al chulo Jamie Tartt, pasando por el comprometido Sam Obisanya, el leal Isaac, la alegría de Dani Rojas, el siempre imprevisible Nate, el curioso Higgins, el excéntrico coach Beard, la sabia y malhumorada Mae, la maravillosa Keeley y la boss bitch Rebecca. Asistiremos a partidos mágicos, buenos y mediocres, pero sobre todo asistiremos a un espectáculo diferente donde puedes ser lo que quieras ser porque tu equipo te apoyará. Algo totalmente utópico en nuestro fútbol masculino actual. Aquí se hablará de salud mental, de homosexualidad, de compromiso político, de traumas y sobre todo, de la vida. Porque fútbol son once tíos detrás de una pelota, pero detrás de esos tíos también hay una vida con sus luces y sus sombras. ¿Muchos gilipollas? Evidentemente, pero supongo que también habrá buenas personas que lo den todo por los demás. Ted nos conquistará a base de referencias a la cultura pop, la literatura, sus chistes malos y unos mensajes vitales que son la guinda del pastel.
"You know what the happiest animal on earth is? It's a goldfish. You know why? It's got a 10 second memory. Be a goldfish". Gracias Ted, yo ya era un goldfish de antes con mi pobre memoria, pero ahora lo seré conscientemente porque para vivir plenamente hay que dejar los fracasos atrás y CREER.
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