Aunque parezca extraño esta ida de olla ha ayudado a recuperar parte de la esencia perdida de la serie en las últimas insufribles temporadas. A fin de cuentas estos personajes nacieron para ser adolescentes y es donde más brillan. Veronica vuelve a ser la mejor Veronica glamourosa alejada de las idas y venidas aburridísimas con su padre, Jughead es otra vez un rarito de los comics, Archie es un buenazo a secas y Betty ha vuelto a ser la mejor con su interés creciente en la sexualidad y su búsqueda de independencia. La única pieza extraña es que ahora Cheryl tiene un hermano nuevo llamado Julian que está ahí por estar y para ser gilipollas, porque por fin le han quitado a Reggie el papel de gilipollas y le han dado algo mejor, lo cual se agradece, creo que lo merecía. Además, ha desaparecido Britta (nadie sabía cuál era su rol en la serie) y han recuperado a Ethel e incluso a Midge para darles una despedida en condiciones. ¡Incluso han redimido a Miss Grundy! Esto me ha gustado.
Al final está claro que ha sido una temporada que ha buscado reencontrarse con el Riverdale juvenil lejos de las tramas surrealistas, homicidas y escabrosas; parece que en esta línea temporal cada personaje puede ser la mejor versión de sí misme. Ha sido más agradable, más emotiva, aunque los últimos episodios me han parecido un poquito atropellados a la hora de cerrar todas las tramas. El último ha sido bonito y lacrimógeno, así que por mi parte satisfecha después del caos general que ha sido la serie.
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