Crítica de Una cuestión de tiempo por BlackSwan
Domhnall Gleeson sorprende. No es el típico protagonista carismático de manual, y precisamente por eso funciona. Es torpe, cercano, humano. Con Rachel McAdams hay química, sí, pero sin artificios. Y luego está Bill Nighy… cada vez que aparece, la película gana peso. Su interpretación del padre es cálida, divertida y, a ratos, profundamente emotiva.
Me gustó cómo alterna lo dulce con cierta melancolía sin volverse empalagosa del todo, aunque alguna escena roza ese límite. También hay personajes que caen en clichés, y eso se nota. Pero, aun así, consigue algo difícil: que salgas pensando más en las pequeñas cosas del día a día que en el propio viaje en el tiempo.
No pretende ser compleja, pero tampoco es tan ligera como parece. Tiene una honestidad que desarma un poco.
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