Redactada: 2024-12-27
Tiene ese aire tan reconocible de Richard Curtis: ternura, romanticismo y una intención clara de tocar algo por dentro. Podría haberse quedado en una comedia romántica más, pero el uso de los viajes en el tiempo le da un giro que la hace distinta. No es un truco espectacular, sino una excusa para hablar de relaciones, de decisiones pequeñas y de momentos que parecen insignificantes hasta que los miras con atención.

Domhnall Gleeson sorprende. No es el típico protagonista carismático de manual, y precisamente por eso funciona. Es torpe, cercano, humano. Con Rachel McAdams hay química, sí, pero sin artificios. Y luego está Bill Nighy… cada vez que aparece, la película gana peso. Su interpretación del padre es cálida, divertida y, a ratos, profundamente emotiva.

Me gustó cómo alterna lo dulce con cierta melancolía sin volverse empalagosa del todo, aunque alguna escena roza ese límite. También hay personajes que caen en clichés, y eso se nota. Pero, aun así, consigue algo difícil: que salgas pensando más en las pequeñas cosas del día a día que en el propio viaje en el tiempo.

No pretende ser compleja, pero tampoco es tan ligera como parece. Tiene una honestidad que desarma un poco.
Guion
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Interpretación
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