Redactada: 2026-02-03
Imagina que vives en Irán, eres un cineasta reputado y conocido mundialmente, te dedicas a protestar por los asesinatos que el régimen de los ayatolás comete contra estudiantes, manifestantes o cualquier persona que pasa por el momento equivocado en el momento equivocado. En el funeral de una de estas estudiantes, eres detenido por provocador y eres encarcelado durante siete meses en Teherán. Sometido a malos tratos, abuso psicológico, humillaciones, privaciones y contando con el apoyo internacional de cineastas como Ken Loach que alzan la voz para que te liberen. Y cuando, por fin, consigues salir de esa pesadilla, te prohíben volver a filmar más películas en territorio iraní. Jafar Panahi no tiene que imaginarse nada de esto, porque seguramente es lo que ve cuando cierra los ojos; el calvario al que se vio sometido por su propio gobierno, por intentar mostrar una realidad que no quieren que veamos, por enseñarnos a mirar lo que sucede en partes del mundo en las que se nos ha enseñado siempre a no mirar. Panahi, desafiando al régimen una vez más, consigue rodar en la más estricta clandestinidad ‘It was just an accident’, Palma de Oro en Cannes y que ahora compite en los Oscars. Aun cuando su guionista Mehdi Mahmoudian acaba de ser detenido en medio de las protestas actuales, esta película consigue ver la luz, convirtiéndose en un grito a viva voz, en un canto libertario y en una exposición en carne viva de las secuelas que el autoritarismo del régimen iraní provocó en miles de personas. La historia nos sitúa en una apacible noche durante el viaje en carretera de una familia aparentemente normal. En medio de la oscuridad, accidentalmente, atropellan a un perro y el coche sufre varios daños. Cuando el coche aparece en el taller donde trabaja Vahid, el infierno abre sus puertas de nuevo, su sangre se convierte en un cemento imposible de atravesar sus venas y su cerebro ya sólo habita en el pasado. Vahid cree reconocer en este hombre educado y bien vestido a su torturador en prisión, su voz, sus gestos, sus movimientos… Todo ello desencadena una reacción volcánica en la que Vahid decide secuestrarle y hacer justicia. La justicia que las personas como él nunca tendrán de otra manera.

A partir de este momento, Vahid, Shiva, Hamid, Golin y Ali, se presentan como jueces y verdugos de este torturador. ¿Fue él quién los encarceló, masacró y destrozó la vida o han cometido un terrible error? La película se rige básicamente por la tensión del saber o no saber, por unos diálogos tan certeros como desgarradores y unas interpretaciones soberbias. Lo más sorprendente es ese tono de comedia negra que acaba incluso arrebatándote alguna carcajada en medio de tanto dolor, como si el humor fuese una respuesta natural a una situación tan desgarradora.
No deja de ser la historia de Panahi y de la de tantas otras voces que ya no pueden clamar por su tragedia, que ya no pueden alcanzar la libertad ni su justicia porque en un país donde la tortura es la ley, no existe perdón. En un sistema totalitario en el que no se te permite la reflexión, el cineasta iraní se permite la reflexión (aunque sea oculto entre las sombras), se permite reflejar en pantalla cómo afrontar un trauma tan profundo que todo lo que intentes hacer en tu vida te llevará de vuelta allí, a esa celda oscura donde el mal tenía nombre, cuerpo y voz. Porque, ¿si sobrevives al infierno, estás realmente vivo? ¿O simplemente te conviertes en un muerto viviente incapaz de entender cómo vivir de nuevo?

Si todo esto no consigue helarte la sangre, el final lo hará.
Guion
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Banda sonora
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Interpretación
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Fotografía
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Dirección
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Valoraciones en tu crítica:

Comentarios

PTG 1
Comentario de MrNobody hace 2 meses
Directita a la lista de pendientes!!
PTG 111
Comentario de Sandris hace 2 meses
@MrNobody

Creo que te puede molar!! Para no apartar la vista de la pantalla!
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