La película, escrita por Derek Kolstad —creador de John Wick—, nos adentra en toda esa locura con cierto toque juguetón, consciente de que nada en 'Nobody' obedece tanto a la verosimilitud como, por el contrario, al simple placer del desahogo más visceral. A esa suerte de catarsis emocional que supone el ser fiel a uno mismo y que aquí, lejos de traducirse en una estilización meramente visual de la violencia, lo hará en un tipo de acción mucho más tosca, sucia incluso, de la que nadie, ni tan siquiera nuestro sufrido protagonista —a cargo de un sólido Bob Odenkirk en modo destroyer—, parece salir ileso. Al fin y al cabo le veremos sangrar, agotarse y también caer, pero siempre para volver a recomponerse, aun si ello requiere de algo de ayuda extra en el proceso —lo de Christoper Lloyd como su padre es simplemente cine—, y poder así continuar con su divertidísimo, liberador y, de alguna manera, envidiable estallido de violencia. Y es que puede que no termine de tomarse en serio a sí misma, que los villanos sean estereotipos andantes o que todo en su conjunto sea un tremendo desfase, pero hay algo extrañamente reconocible, casi admirable, en ese hombre tranquilo, ya muy cansado de que todos le tomen por un pringao, que hace que verle repartir leña sea, cuanto menos, pura fantasía.
Así que ya sabéis: if you want to beat the shit out of them, Better Call Saul.
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