Ari Aster intenta alcanzar el surrealismo de directores como Darren Aronofsky, pero su esfuerzo se queda a medio camino, dejando claro su limitado talento en este aspecto. Aunque logra mantener cierta atención con una mezcla de sangre, sexo y locura, los interminables 145 minutos de metraje convierten la experiencia en una prueba de paciencia.
En resumen, Midsommar es un viaje incómodo y tedioso que no recomendaría a nadie que aprecie realmente a sus amigos y familiares. Si buscas una película que valga la pena, es mejor que busques en otra parte.
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