Mickey es un clon en una misión de colonización que ha muerto 16 veces. Cuando descubre que por error le han clonado antes de su muerte, intentará no ser reemplazado.
La idea es curiosa, el humor también, pero el tono es demasiado tedioso, demasiado plomazo. Tenemos un protagonista agotado que a pesar de realizar una gran interpretación, agota al espectador. Por contra, tenemos un líder político interpretado por Mark Ruffalo, marioneta de su mujer que mueve los hilos desde el segundo plano, demasiado estridente, se les va de las manos la caricatura.
Trae a la palestra debates varios sobre la colonización, imperialismo, la clonación y su uso experimental, sobre la política. Una película desmadrada, pero también sosegada. Un conjunto irregular, excesivo en sus altos y sus bajos.
Sátira agotadora y ruidosa.
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