Crítica de Marty Supreme por gjulo

Redactada: 2026-03-14
“Marty Supreme” llegaba rodeada de muy buenos comentarios y con varios premios ya en su haber, así que las expectativas eran altas, así como mi curiosidad. Sin embargo, el resultado termina siendo bastante decepcionante.

La puesta en escena no es realmente el problema. Safdie demuestra que sigue teniendo pulso y una mirada propia, especialmente en los primeros minutos del metraje. La película arranca con una energía notable y cierta audacia visual. El prólogo ya marca el tono: una animación digital que representa una carrera de espermatozoides se funde con la imagen de una pelota de ping-pong, una transición que resume la idea central del relato (la lucha por sobrevivir y alcanzar el éxito) mientras suena una versión de “Forever Young”. Desde el principio queda claro que la historia de Marty Mauser quiere presentarse como una carrera frenética hacia la gloria.

La acción se sitúa en el Nueva York de 1952. Marty Mauser, un joven vendedor de zapatos con ambición desbordante, está convencido de que el ping-pong pronto conquistará Estados Unidos y sueña con dominar ese mundo. Con ese objetivo en mente, viaja a Londres para participar en un campeonato donde espera demostrar su talento. En teoría estamos ante un biopic deportivo, pero Safdie juega precisamente a lo contrario: inventa a su protagonista y construye algo que parece un biopic sin serlo realmente, y una película de deporte que solo lo es a ratos.

Durante aproximadamente la primera media hora, esta funciona bastante bien. La cámara de Safdie se mueve con agilidad y el reparto está lleno de rostros peculiares que aportan carácter. En ese arranque, el largometraje desprende una energía nerviosa que recuerda por momentos al cine de Scorsese. Timothée Chalamet encarna a Marty como un personaje arrogante, agresivo y excesivo, con un aire fanfarrón que incomoda y fascina a la vez.

Marty es ingenioso, manipulador y capaz de adaptarse a cualquier situación. Lo mismo engaña a sus clientas en la zapatería que improvisa un pequeño golpe para conseguir dinero. Su habilidad le permite actuar casi como un mago, alguien que entiende el espectáculo y sabe mantener al público pendiente de cada gesto. En el campeonato británico incluso convierte una semifinal en una especie de representación pensada tanto para entretener al público como para seducir a Kay Stone, una famosa actriz interpretada por Gwyneth Paltrow.

A partir de ese momento, la película cambia de tono. La velocidad inicial se transforma en una huida constante hacia adelante. Marty empieza a encadenar malas decisiones y la historia se convierte en una espiral de problemas y contratiempos. El protagonista justifica sus traiciones y mentiras con una idea muy clara: tiene un objetivo y está dispuesto a aplastar a cualquiera que se interponga en su camino.

El problema es que esa sucesión de peripecias termina resultando irregular. El relato acumula situaciones frenéticas (a veces divertidas, otras simplemente pesada) que no siempre aportan algo real a la historia. Hay numerosas subtramas que parecen no conducir a nada, y el ping-pong, que debería ser el núcleo del relato, queda curiosamente relegado a un segundo plano. Incluso los partidos están filmados con bastante poca intensidad.

Esa sucesión de situaciones acaba diluyendo el interés. El guion insiste una y otra vez en el mismo esquema: Marty logra algo y, casi de inmediato, todo se derrumba. Las victorias duran muy poco y siempre son seguidas por una caída. La película juega constantemente con esa dinámica de ascenso y caída, pero lo hace de una forma tan insistente que termina generando cierta sensación de repetición.

Además, cuesta implicarse emocionalmente con lo que sucede. Todos los personajes resultan bastante antipáticos, empezando por el propio Marty. Esto no es necesariamente un problema (muchas películas funcionan muy bien con protagonistas moralmente cuestionables), pero aquí el largometraje parece carecer de la distancia o la ironía necesarias para generar verdadero interés por su antihéroe.

Timothée Chalamet se entrega por completo al personaje y sostiene buena parte del metraje con una interpretación muy física. Sin embargo, en algunos momentos da la impresión de que fuerza demasiado el tono, como si buscara constantemente la gran actuación que le acerque a los premios. Curiosamente, Gwyneth Paltrow y algunos secundarios resultan más naturales y convincentes.

También sorprende lo poco desarrollados que quedan algunos elementos que prometían ser interesantes. La crítica al capitalismo aparece apenas esbozada y nunca llega a profundizar realmente. La ambientación de los años cincuenta tampoco termina de sentirse especialmente rica, y los personajes femeninos ocupan un lugar bastante secundario dentro de la historia.

La película parece querer reflexionar sobre el mito del éxito individual, ese ideal estadounidense del hombre hecho a sí mismo según el cual el talento y la ambición bastan para llegar a la cima. Marty representa precisamente esa obsesión: cree que todo depende de su capacidad para imponerse a los demás. Sin embargo, el mundo en el que se mueve es inestable, dominado por un capitalismo feroz donde el suelo puede desaparecer bajo los pies en cualquier momento.

El clímax final intenta ofrecer una especie de redención. En el último partido, cuando se enfrenta a un rival japonés en un encuentro manipulado por un millonario que pretende controlar el resultado, Marty decide romper las reglas del juego y proponer un partido limpio. En ese instante sacrifica su propia carrera para recuperar un mínimo sentido ético, convirtiendo el deporte en lo que debería ser: una competición justa entre dos rivales en igualdad de condiciones.

Al final, “Marty Supreme” se parece demasiado a su propio protagonista: ambiciosa, ruidosa y convencida de su brillantez, pero bastante menos interesante de lo que cree. Corre de un lado a otro, acumula pericias y aspira a parecer grande, pero rara vez encuentra algo que decir con verdadera fuerza. Cuando termina, queda la sensación de haber asistido a un espectáculo agitado y algo pretencioso que nunca llega a justificar del todo tanto entusiasmo.
Guion
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Banda sonora
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Interpretación
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Efectos
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Ritmo
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Entretenimiento
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Fotografía
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Dirección
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