Crítica de La vida de Calabacín por Sandris
Creo que, en esta simple frase extraída de uno de los diálogos de la película, podría resumirse el quid de la misma. Calabacín es un niño inteligente que vive con su madre alcohólica. Encerrado en el ático donde sabe que la furia de su madre no podrá alcanzarle, Calabacín deja volar su imaginación, se deja ser sin miedo. Cuando su madre muere en un accidente doméstico, Calabacín es trasladado a un orfanato donde encontrará a Simon, Ahmed, Bea, Alice, Jujube y Camille, niños que, como él, son víctimas de las circunstancias y, más concretamente, de las circunstancias en las que sus progenitores los han lanzado como sacos de huesos destinados a desaparecer. Calabacín descubrirá en un sitio tan inhóspito como un orfanato lo que es la verdadera familia, lo que es que te quieran sin condiciones, simplemente porque tú eres tú, sin violencia, sin dolor y lo hará gracias a los amigos que ha encontrado en su camino. Porque ningún niño debería ser testigo de cómo su padre asesina a su madre, de cómo sus padres se entregan a las drogas día tras día, de cómo su madre sufre una enfermedad mental incapacitante, de cómo su padre es encarcelado por robar una cantidad irrisoria de dinero, de cómo su padre es un ser despreciable que pervierte todo lo que toca o de cómo su madre es deportada sin siquiera poder despedirse. Estas son las historias que rodean a estos niños que, para su corta edad, ya han vivido demasiadas vidas y sufrido más dolor del que les habría tocado sufrir.
Guionizada por la propia Céline Sciamma, ‘La vida de Clabacín’ es una película que utiliza la animación para hablar de un tema tan doloroso que sería insoportable de visualizar de no contar con el stop motion. A veces, la animación ayuda a que seamos conscientes de las realidades que nos rodean porque leemos y escuchamos noticias terribles a diario, pero qué diferente es todo cuando ponemos cara y nombre a estas noticias. Algunos, con suerte, podrán encontrar a su familia escogida, aunque esa familia sean otros niños como ellos, traumatizados e intentando encontrar algo por lo que vivir. Acostumbrados a llorar a causa de la violencia que sus padres ejercen sobre ellos, a llorar a causa del abandono, de la crueldad y la soledad, llorar de alegría, llorar porque están contentos, es algo tan revolucionario como una estrella fugaz cruzando un cielo lleno de tinieblas. Llorar de felicidad en un entorno plagado de aflicción y pena, es una flor que rompe el cemento para crecer, es el sol colándose entre las hojas de los árboles, es la vida misma abriéndose camino asegurándote que, a fin de cuentas, todo saldrá bien.
Comentarios
Te quiero una galaxia entera ♡.
En el dolor es dónde se ve quién sí y quién no, para luego cuando una está bien, se sienta muy afortunada de lo que tiene ♡.