Redactada: 2024-08-24
Y con música de Mendelssohn empieza el show para amenizarnos la velada.
Woody Allen tiene dos grandes momentos, en los inicios de su carrera en la primera mitad de los 70’s brilló con un humor irreverente con Coge el dinero y corre, Bananas, Todo lo que quiso saber sobre el sexo, ,,,,,, y El Dormilón.
Una segunda mitad de década más introspectiva y menos cómica con Annie Hall, Interiores, Manhattan y Hannah y sus hermanas.
A partir de ahí se diluye la intención y pasa a un cine donde parece que ya lo tenga todo dicho y solo su simple firma ya certifique la calidad del producto.
Esto no es comedia, ni profundiza en la psique de nadie en particular. Adapta una obra de Shakespeare creyendo que la puede llevar a su terreno y naufraga al dejarlo todo a medias.
Sus diálogos son ingeniosos, en la justa medida y sus clásico juego del doble sentido y tirabuzón aquí se diluye como el deseo de una noche de verano, que una vez apareció, no se consumó y se dejó pasar perdiendo la efervescencia del momento.
Y esa creo que fue la intención de Allen, siempre con sus lecciones de vida, aquí quiere dejar claro que los momentos especiales solo pasan una vez en la vida, y el rincón donde los guardamos es tan especial que vive un perpetuo tedecoro platónico.
Lo que siempre tengo que admirar en este pequeño genio es cómo consigue enamorarnos con sus personajes femeninos. Y aquí por triple partida y sin destacar a ninguna por encima de las otras, Julie Hagerty, Mary Steenburgen y Mia Farrow están arrolladoras y no me importaría compartir con ellas una noche de verano a orillas del lago. Pero sin Woody,,,
Guion
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Banda sonora
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Interpretación
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Efectos
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Ritmo
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Entretenimiento
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