Redactada: 2024-08-13
Ah, el verano. Tiempo de despreocupación, calores sofocantes y hormonas disparadas. Época propicia para los típicos calentones pasajeros que Woody Allen, que de estar salidorro sabe un rato, utilizaba para concebir 'La comedia sexual de una noche de verano', su particular homenaje a Shakespeare, Bergman y a todos aquellos despistados que alguna vez, y guiados bajo el hipnótico influjo de sus deseos más carnales, acabaron en medio de un bosque con ganas de marcha. La clásica comedia de enredos allenianos con la que el director, dejando de lado ese tono más introspectivo que venía explorando en años anteriores, recuperaba su faceta desenfadada y nos llevaba a la campiña norteamericana de principios del siglo XX; un pintoresco y apacible lugar donde tres parejas, cada una con sus propios problemas y secretos, se reúnen sin tan siquiera intuir el insospechado despertar de viejas y nuevas pasiones que les aguarda. El ambiente se relaja, las fantasías afloran y los triángulos amorosos se convierten en hexágonos —¿sexágonos?— de deseo. Más calientes todos que una patada en la oreja, vaya.

El guion, escrito por el propio Allen, se aprovecha de tan desinhibido escenario y, fiel al peculiar sentido del humor del director, va construyendo su historia entre el delirio febril más surrealista y el absurdo más hilarante. Los diálogos ingeniosos se suceden con un incesante gusto por los dobles sentidos que, además, se ven salpicados por frecuentes reflexiones existenciales acerca de la propia condición humana y la naturaleza misma de esa realidad, tan inexplicable como fascinante, a la que llamamos amor. En ese aspecto podría decirse que estamos ante una de las películas más ligeras de Allen, aunque no por ello se libra de ese poso de densidad intelectual tan propia de su cine ni, por supuesto, de ese humor tan seco que solo se entiende desde la afilada pluma de autodepreciación que el director suele encarnar en sus alter ego cinematográficos. Quizás no sea la mejor comedia de Allen, pero sí una simpática exploración de todas aquellas locuras que se hacen por amor y, del mismo modo, de esa maravillosa irracionalidad que este despierta en nosotros. Y más en verano.
Guion
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Banda sonora
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Interpretación
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Efectos
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