Crítica de La comedia sexual de una noche de verano por MrPenguin
El guion, escrito por el propio Allen, se aprovecha de tan desinhibido escenario y, fiel al peculiar sentido del humor del director, va construyendo su historia entre el delirio febril más surrealista y el absurdo más hilarante. Los diálogos ingeniosos se suceden con un incesante gusto por los dobles sentidos que, además, se ven salpicados por frecuentes reflexiones existenciales acerca de la propia condición humana y la naturaleza misma de esa realidad, tan inexplicable como fascinante, a la que llamamos amor. En ese aspecto podría decirse que estamos ante una de las películas más ligeras de Allen, aunque no por ello se libra de ese poso de densidad intelectual tan propia de su cine ni, por supuesto, de ese humor tan seco que solo se entiende desde la afilada pluma de autodepreciación que el director suele encarnar en sus alter ego cinematográficos. Quizás no sea la mejor comedia de Allen, pero sí una simpática exploración de todas aquellas locuras que se hacen por amor y, del mismo modo, de esa maravillosa irracionalidad que este despierta en nosotros. Y más en verano.
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