Crítica de Klaus por gjulo

Redactada: 2025-12-30
Son pocos los filmes navideños que consiguen reconectar de verdad con la magia de las fiestas. Antiguo animador de Disney (participó en la mayoría de las producciones animadas de finales de los 90, como “El jorobado de Notre Dame”, “Tarzán” o “Hércules”), Sergio Pablos decidió apartarse de la animación 3D actual para desarrollar un largometraje de animación tradicional. Para ello imaginó una historia original que se remonta a los orígenes de la Navidad y de su representante más ilustre. A pesar de contar con el trabajo de técnicos y artistas de gran talento, la película no llegó a estrenarse en salas, debido al recelo de distribuidores que consideraban el proyecto demasiado arriesgado. Finalmente fue Netflix quien adquirió los derechos y la estrenó en exclusiva en la plataforma hace ya unos años. Hijo mimado y consentido del director de la Real Academia Postal, Jesper está acostumbrado a un nivel de vida cómodo que le anima a hacer lo mínimo posible. Aprovecha así unas prácticas en el servicio de correos para pasar el rato hasta regresar a su lujoso castillo, donde le esperan criados y sábanas de seda. Desesperado por la actitud de su hijo y decidido a hacerle madurar, su padre le lanza un ultimátum: dispone de exactamente un año para abrir una oficina de correos en la remota aldea de Smeerensburg y tramitar 6.000 cartas; de lo contrario, le cortará el suministro. Al llegar al pueblo, tras un viaje plagado de dificultades, Jesper descubre horrorizado la hostilidad del lugar: hace un frío espantoso y la aldea está dividida en dos clanes rivales que no dejan de pelearse. Nadie muestra la menor amabilidad y ningún vecino envía jamás una carta. Ni siquiera los niños van a la escuela. Cuando ya ha perdido toda esperanza de cumplir su misión, Jesper conoce a un viejo carpintero huraño que vive aislado en el bosque cercano. Pronto ambos unirán fuerzas para devolver la sonrisa a los niños del pueblo e incitarlos a escribir cartas al viejo Klaus. Desde los primeros minutos, no puedes más que quedar cautivada por la belleza y el dinamismo de la animación. A partir de una trama atemporal, Pablos construye una fábula moral tan extravagante como mágica, impulsada por el carisma de un protagonista profundamente egoísta pero entrañable, en el que muchos niños y niñas consentidos y consentidas podrán verse reflejados y reflejadas. El humor está muy presente a lo largo de todo el metraje y ofrece un buen puñado de gags ingeniosos. Resulta especialmente divertida la acumulación de detalles cómicos desde la llegada del héroe a este pueblo lúgubre, poblado por personajes más siniestros unos que otros. También hay que destacar el cuidado puesto en los decorados y en los diseños de personajes, a menudo desternillantes (mención especial para esa niña psicópata que no deja de apuñalar muñecos de nieve con su zanahoria). Sin tener nada que envidiar a estudios más “prestigiosos”, el equipo de animadores realiza un trabajo sobresaliente y dota al conjunto de un dinamismo encantador. Más allá de la originalidad de su planteamiento, el director y guionista aborda dos temas mucho menos simples de lo que parecen: el egoísmo (a través de un protagonista que hace el bien esperando una recompensa) y la idea encarnada por Klaus de que un acto bondadoso y desinteresado siempre provoca otro. La película también reflexiona sobre la dificultad de comunicarse en una sociedad dominada por el comunitarismo y la desconfianza hacia el otro, recuperando cierta nostalgia por las cartas enviadas por correo postal, un medio cada vez más raro en la era de los correos electrónicos y los mensajes de texto. Como indica el título, “Klaus” es sobre todo una reinterpretación del mito de Papá Noel que le otorga unos orígenes inéditos: los de un viejo ermitaño resignado a la soledad, inconsolable tras la pérdida de su amada, que encuentra un motivo para vivir en la felicidad de los niños. En este sentido, la colaboración entre los dos protagonistas está llena de chispa y sirve de excusa para numerosos gags, a veces crueles (pero con buena intención), que reinventan con picardía el tradicional “bajar por la chimenea”. La estructura narrativa es previsible, como era de esperar, pero nunca se queda sin ideas felices y avanza con mucha magia hacia un desenlace tan emotivo que es capaz de calentar los corazones más fríos. “Klaus” es, sencillamente, una pequeña perla de la animación, de las que ojalá viéramos más a menudo.
Guion
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Banda sonora
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Interpretación
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Efectos
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Ritmo
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Entretenimiento
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Dirección
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