Me interesaba sobre todo el deterioro mental, ese momento en el que alguien deja de intentar agradar o adaptarse. Y en eso funciona: se percibe la humillación acumulada, la soledad, el desgaste. Pero me quedé esperando más profundidad. Más capas, más complejidad interna que hiciera de este retrato algo verdaderamente distinto.
Más allá de la estética y del nombre que arrastra el personaje, lo que vemos no se aleja tanto de otros relatos sobre marginados que cruzan una línea. Echo de menos esa mente brillante y retorcida que siempre ha definido al Joker como algo único. Aquí lo siento más como un hombre roto que estalla, sin demasiada elaboración detrás.
También hay tramos que se hacen largos y decisiones que me resultan forzadas. Conecto con el dolor, sí, pero como acercamiento al personaje mítico, siento que le faltan piezas importantes.
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