Crítica de Indiana Jones y el templo maldito por MrPenguin
Curiosamente, ese aire tan siniestro que caracteriza a la película y a toda su espiral de magia negra, rituales malignos y sacrificios humanos encuentra un más que necesario equilibrio en una pronunciada carga cómica que supera, y por mucho, a la vista en la primera entrega. Ese toque de humor, odiado y amado a partes iguales, recae especialmente en el constante tira y afloja entre los arrebatos histéricos de Willie y el descaro del ocurrente Tapón —entrañablemente interpretado por un jovencísimo Ke Huy Quan—, dando así lugar a una peculiar familia disfuncional con el bueno de Indy a la cabeza. Como si el pobre no tuviera ya bastante con enfrentarse a una secta demoníaca, oiga. De hecho, aquí veremos una versión todavía más humana de Indiana en la que el arqueólogo, notablemente sobrepasado por las circunstancias, sufrirá lo que no está escrito en su particular camino por alcanzar la gloria. Sangre, sudor, lágrimas, risas y un ritmo delirante reunidos así en la aventura más alocada de Indy y en una muestra más, si es que hacía falta, de que segundas partes sí pueden ser buenas.
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