Mención aparte merecen, por supuesto los icónicos diálogos que todos hemos recitado alguna vez y las maravillosas escenas de acción que, a pesar de tener una buena dosis de sangre y violencia explícita, son de una sobriedad y una elegancia tremendas, y la banda sonora pasa de ser un acompañamiento y una añadidura al ambiente fílmico a un personaje más en varias ocasiones.
Es, sin duda, la suma de todos estos elementos lo que hacen de Gladiator una película imperdible. Cuando una producción está tratada con tanto mimo y todos sus elementos reman en la misma dirección de forma tan clara, este es el resultado que tenemos. Gladiator es una película con alma, es emoción y sentimiento puro, y, para mi, es una de las mejores de la hostia.
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