Crítica de El viento se levanta por Sandris
Los sueños son tan extraños y melancólicos que, de la misma forma que guían el compendio total de tu vida, pueden convertirse en un arma utilizada para restar humanidad, ganar guerras y sembrar el caos. Los sueños, como el viento, se levantan, nos impulsan y alumbran nuestro camino como briznas de hierba que traen ecos del pasado. Nos interpelan a estudiar, aprender, trabajar noche y día hasta ver realizado nuestro objetivo. Pero, ¿qué ocurre cuando lo que has soñado toda tu vida se convierte en una herramienta mortífera para el hombre? ¿El sueño se torna pesadilla o simplemente aceptas tu destino? Una premisa que acompañará a Jirō Horikoshi, el ingeniero aeronáutico japonés encargado de crear el avión de combate con el que se atacaría la sede de Pearl Harbor en la Segunda Guerra Mundial. La película en ningún momento se define de forma política, dejando que seamos los espectadores los que juzguemos, dejándonos a nosotros que seamos los que veamos a un niño que soñaba con aviones, que soñaba con el viento levantando moles de hierro surcando las nubes y las estrellas; que soñaba con trascender lo conocido y crear algo tan puro como lo que veía en sus fantasías, esas tan poéticas que muchas veces podrían confundirse con la realidad.
A través del aire, se nos narra la infancia, adolescencia y período adulto de Jirō, su amor incandescente, profundo como el océano y perpetuo con Naoko. Una historia de amor tan grande como la de Hayao Miyazaki por el cine, una carta de amor llena de pasión y sensibilidad hacia el arte, su arte y su forma de ver los sueños. Pero, ¿por qué se le repite constantemente a Jirō que hay que vivir? Quizás, porque aunque sea Naoko la que vive afectada por la tuberculosis, una enfermedad con la que ella se sabe compañera de por vida, dure lo que dure esa vida, es el propio Jirō quien no vive. Enfrascado en sus sueños eternos, se olvida de todo lo que le rodea y se olvida de sí mismo. ¿Está viviendo su sueño o simplemente es un fantasma que sacrifica su vida para construir el avión perfecto? A esto podría responder el grandísimo Albus Dumbledore con sus interminables lecciones y es que «no es bueno dejarse llevar por los sueños y olvidarse de vivir». Naoko es la que perece lentamente como una vela que observa con aceptación como su llama se extingue, pero es Jirō quien parece ni siquiera existir en el mismo mundo.
‘El viento se levanta’ es una oda al arte, una oda al cine que referencia varias de las películas anteriores de Hayao Miyazaki; es una forma de ver el mundo, su mundo. Puedes ver el mundo a través de tus sueños para ser mejor y superarte cada día, o puedes dejar de ver el mundo a causa de unos sueños que te roban la vida. Crecer, levantarte y dejar que el viento meza tus pasos o simplemente dejarte atropellar por el mismo, rendirte a la evidencia de que tienes que vivir, independientemente de que tus sueños se hagan o no realidad… Antes de que sea demasiado tarde para preguntarte si tu viento te sigue acompañando, si sigues siendo la persona que querías ser o eres una vela decidida a apagarse.
«¿Se sigue levantando el viento, chico japonés? Entonces debes vivir».
Comentarios
Es que el viento te abraza siempre
Oye, eso me hace mucha ilusión! Gracias Pinwi :D.