Crítica de El nadador por jdmorris
Comienza de forma vitalista con un atlético Ned (ojo, que el sr. Lancaster andaba a mitad de su sexta década ya) apareciendo en la piscina de unos conocidos, charlando con ellos, admirando el entorno, tomando un refrigerio... hasta que mirando hacia el horizonte se le ocurre la premisa de la que parte la historia, un tanto absurda y traída por los pelos, teniendo en cuenta todos los paseos y carreras intermedios: llegar nadando hasta su casa, situada en el otro extremo del valle, pasando por las piscinas de todos los vecinos de la zona.
A pesar de que la cosa no cuadra del todo y Ned va como Pedro por su casa cruzando fincas ajenas, el periplo sirve, primero, para señalar y criticar la vacuidad imperante en esa sociedad tan preocupada por la fachada y por estar a la última. Y después, y más importante aún, para acompañar al protagonista (él mismo nos indica que algo raro pasa, con tanta insistencia en encontrar a alguien que le siga el juego, nosotros lógicamente no le valemos) en un viaje teñido de cierto onirismo a través de situaciones y personajes de su pasado, de sus pecados y particularidades inconfesables y de sus crisis. Cuando salimos del embudo, lo que queda parece recién salido de la picadora.
Existen unos cuantos fallos de raccord bastante cantosos, pero el resultado final merece la pena, por ser única en su especie.
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