Crítica de Eduardo Manostijeras por Obscuritas
Un pueblo en el que todas las casas y todos los coches son iguales, donde las amas de casa viven aburridas y donde la única que parece querer hacer algo con su vida vende Avon. Entonces aparece alguien que pondrá al pueblo patas arriba, alguien diferente, incomprendido, uno de esos personajes excéntricos que tan bien se le dan a Johnny Depp, que estaba en su mejor época, igual que el propio Tim Burton, y una jovencita Winona Ryder con la que venía de hacer Beetlejuice.
Y como siempre pasa con eso que es diferente y que no conocemos, provoca fascinación, pero también rechazo, miedo incluso. ¿Pero quién da más miedo en realidad? Como digo, creo que es una versión de La bella y la bestia, y esa escena en la que le persiguen, y el novio de Kim va hacia el castillo, es idéntica a la del pueblo queriendo matar a Bestia.
La fotografía es mágica, el contraste entre esa estética oscura y gótica que tanto le gusta al director con los colores pastel del pueblo. La escena del ángel de hielo y Winona bailando bajo la nieve siempre me ha parecido preciosa, mi favorita sin ninguna duda. Y a la banda sonora de Danny Elfman, otro habitual en las películas de Tim Burton, tampoco se le puede poner ninguna pega. Y además creo que no ha envejecido nada mal en sus treinta años.
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