Crítica de Días perfectos por Selasor
De ritmo lento pero nunca pesado, brilla la dirección del cineasta alemán en su primera mitad para mostrarnos el mundo desde los ojos de su protagonista, y es la leyenda japonesa quien remata la segunda hora hasta ese final con una secuencia para enmarcar. Una película repleta de calma y de respuestas a la sombra de la angustia y las dudas, bellísima y muy emotiva.
Debe ser, con poco margen de mejora, una de las mejores incursiones japonesas que ha realizado un director extranjero.
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