Resulta que es un thriller de la h***** (nunca mejor dicho) disfrazado de drama eclesiástico. La tensión va subiendo poquito a poquito, con conspiraciones, secretos, alianzas que se rompen, y tú ahí sin saber en quién confiar. Ralph Fiennes está impecable como el cardenal Lawrence, un tío que solo quiere hacer lo correcto pero se ve arrastrado por la maquinaria política de la iglesia. Y la ambientación del Vaticano es espectacular, te mete de lleno en ese mundo cerrado donde todo el mundo tiene algo que ocultar.
Ritmo lento pero hipnótico. No hay escenas de acción, todo es diálogo y miradas, pero funciona muy bien. Es como ver una partida de ajedrez donde cada movimiento importa.
Y LUEGO EL FINAL. Qué cojones. No me lo esperaba PARA NADA. Que el nuevo papa sea intersexual y que eso ponga en jaque todo lo que la Iglesia representa... es brutal. Y lo mejor es que tiene sentido dentro de la película, no es un giro gratuito. Pero madre mía, menudo plot twist.
De las mejores sorpresas del año, sin duda.
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