Crítica de Charlie y la fábrica de chocolate por MrPenguin
El resto de la historia, consistente en cinco niños —cuatro de ellos altamente abofeteables— que ganan una visita a la legendaria fábrica, se mantiene más o menos igual en ambas versiones, solo que salpicada en esta ocasión con cierto tinte malvado. Willy Wonka, adquiriendo un rol casi cercano al de diablo tentador, no solo mostrará a los niños los llamativos —y, a ratos, psicotrópicos— entresijos de la fábrica, sino que también los conducirá a través de sus propios vía crucis de pecados infantiles. Se aprecia un marcado tono de moraleja que Burton, apoyado en un vistoso diseño de producción, convierte en una entrañable fábula cargada de valores, enseñanzas y alguna que otra pullita para todos esos padres que malcrían a sus hijos hasta convertirlos en tocapelotas profesionales. Los numeritos bailongos de los Oompa-Loompa alimentarán mis peores pesadillas durante días, pero, aun con todo, creo que estamos ante esa clase de películas que te llevan de nuevo a la infancia y, como el propio título indica, te hacen sentir como si estuvieras en una fábrica de golosinas.
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