Como el guión se basa en la historia real del productor de la película, Albert S. Ruddy, escrita y ficcionada por él mismo, resulta evidente que alguna de las circunstancias que relata y, sobre todo, de las relaciones humanas implicadas, están claramente subjetivadas por el autor. Pero creo que este detalle no le resta un ápice de interés a la trama. Tampoco merma demasiado el interés algunos desajustes temporales entre situaciones que se desarrollan en Nueva York y Los Ángeles.
En cualquier caso, la historia se sostiene sobre los hombros de un puñado de actores magníficos, tan reales que generan empatía y simpatía desde el primer momento (incluso el brutal Burn Gorman, como Charles Bludhom) y nos hacen vivir sus avatares como propios. La caracterización es sobresaliente, sobre todo Coppola y Puzo como imágeness archiconocidas y emblemáticas.
Merecería comentar uno por uno todos los personajes principales, pero yo resaltaría a Mattthew Goode (Evans), Giovanni Ribisi (Colombo), Juno Temple (Bettye). No me olvido del protagonista principal, Miles Teller (Ruddy), pero es que comparado con los demás le falta un punto de emoción.
En resumen: Serie de obligada visión para cinéfilos, amantes de Coppola y el Padrino y aquellos que siempre se han preguntado como se hace una película.
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