A nadie le puede gustar más la historia de un escritor maldito o con una vida truculenta que a mí, pero en este caso cada episodio ha sido más soporífero que el anterior.
No nos vamos a encontrar aquí con tramas literarias, sino en el quid de cómo Truman Capote, rodeado de las mujeres de la élite neoyorkina, las va traicionando una a una a pesar de ser sus mejores amigas y las únicas que de verdad comprenden su tremebunda psicología. Los capítulos son una sucesión de la banalidad más absoluta, la vanidad y la insustancialidad hecha serie. ¿Qué cuenta entonces esta temporada? Pues hasta a mí me cuesta saberlo, porque todo se reduce a "hoy somos amigos, mañana nos apuñalamos" o viceversa: "te apuñalo pero te quiero, mientras nos tomamos un dry Martini". Más tóxico todo que el fandom del Xokas (sin ofender).
Parece como si Truman Capote fuese el cerebro detrás de la mastermind frase más Mr. Wonderful de la historia: "live, love, laugh" con sus aspavientos teatrales frente a sus amiguísimas del alma. Aunque en su caso yo apostaría por un: "drink, write, hate" (me va más también os lo digo).
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