Visualmente está muy cuidada. Los escenarios, el vestuario, los detalles… se nota que hay respeto por el material original. Pero más allá del guiño al fan, lo que me sorprendió es que engancha incluso si no has tocado un mando en tu vida. Los personajes tienen personalidad y el mundo, por extraño que sea, se siente coherente.
No tiene la densidad emocional de otras adaptaciones recientes, y quizá algunos echen de menos una atmósfera más opresiva. A mí no me molestó. Me pareció entretenida, con momentos incómodos, otros directamente salvajes, y un humor negro que a veces te descoloca. Me gusta que no pida permiso para ser rara.
Es buena noticia que las adaptaciones de videojuegos estén empezando a tomarse en serio. Y esta, con sus excesos y su personalidad tan marcada, demuestra que todavía hay margen para hacer cosas interesantes dentro del género.
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