En ese sentido cabe destacar lo convincentes que resultan todos los personajes, especialmente si tenemos en cuenta que no solo deben improvisar en función de las interacciones que mantengan con Ron, sino que además no pueden permitirse el lujo de una segunda toma. Aquí, y ya sea para bien o para mal, todo ocurre "en directo". Esto también provoca que haya partes menos inspiradas que otras, aunque, en general, la miniserie sabe mantener un buen equilibrio entre la parte cómica, el aspecto documental y algunas pinceladas de emotividad que irán apareciendo de vez en cuando. Sin lugar a dudas, una de las propuestas más originales que pueden encontrarse en la parrilla televisiva del momento y, al mismo tiempo, una inteligente, paródica y afilada mirada hacia los entresijos del sistema judicial que nos quitará —todavía más si cabe— las ganas de ser miembros de un jurado. Porque hay veces en las que la realidad no puede competir con la ficción, sobre todo si es tan absurda y divertida como la de este juicio de locos.
Valoraciones en tu crítica:
Todavía no hay comentarios
Comentarios