Todo lo que se puede decir de Willow es que, a pesar de ser un guion tópico de fantasía , funciona en todo lo que debe funcionar. Tiene ese regusto a fantasía cercana y familiar, personajes carismáticos y, sobre todo, muchísimo corazón. Quieres que les salgan bien las cosas desde el principio, sobre todo a este héroe atípico pero tan buenazo y valiente que es Willow. Pero no es el único: Madmartigan es el típico espadachín gamberrete venido a menos que terminará recuperando su lealtad y honor, Sorsha es la mujer guerrera de corazón duro que terminará uniéndose al bando de los buenos por amor. Hasta los dos duendecillos que los acompañan funcionan con esos momentos cómicos bien intercalados. Por mucho que conozcamos bien cada uno de estos arquetipos, la película los convierte en personajes que generan emoción y hacen que les cojamos un enorme cariño.
Aunque los efectos más digitales se ven cutrillos a día de hoy, todo el aspecto mayoritariamente más artesanal de la ambientación está muy logrado. Los escenarios están bien elegidos y la historia es muy hopepunk y transmite valores bonitos. En lo que respecta a la fantasía ochentera, muy pocas películas se acercan a Willow. Es una aventura tierna, para todas las edades, emotiva y con un mensaje positivo.
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