Crítica de Una batalla tras otra por MargaeryTyrell
Sabiendo que la película dura casi tres horas, pensaba que se me iba a hacer eterna. Pero la verdad es que se me ha pasado bastante rápida. No dejan de pasar cosas todo el rato y los personajes de moverse de un lado para otro. En ese sentido, Bob, Willa y Steven, casi parecen Piolín, el gato Silvestre y el bulldog Héctor, corriendo uno tras otro continuamente. Entre las idas y venidas de unos y otros, la peli se asemeja a una 'road movie', un viaje por la carretera junto a la frontera, con un reparto coral de caudillos militares, monjas, inmigrantes ilegales, supremacistas blancos y chavales de instituto. Y en medio de todos ellos, Bob, que ya no está para estos trotes, pero a quien no le queda más remedio si quiere salvar a su hija.
Como decía, la acción está muy bien y la música también. Quizá no me ha terminado de gustar porque el género de la acción no es mi favorito. Tampoco me ha convencido el ritmo, por momentos, que se estiraba demasiado en algunas escenas absurdas, y se aceleraba demasiado en otras que, tal vez, requerían más oxígeno. La primera media hora de la película, además, puede que sea la peor, muy rara con esa mezcla de deseo, sexo y violencia. Pero una vez entra en la carrera, mejora considerablemente.
Lo que es bonito es el mensaje final de que nadie gana en las dictaduras: son una máquina de picar carne, en la que tienes número, antes o después. Me ha parecido que resonaba muy bien con lo que está ocurriendo en ciertos países.
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