Crítica de Una batalla tras otra por Gaspar
Sinopsis
Dos revolucionarios experimentan las repercusiones de sus actos en unos EEUU algo distópico pero cerca de poder ser real en algún momento.
Crítica
Thomas Anderson nos sitúa en una época postmoderna, en cualquier momento del siglo XXI. En este periodo aparecen o intervienen unas formas de estado reconocible, que al igual que sus maneras de proceder, serán rápidamente identificadas y relacionadas con algunas actuales.
La trama se encuentra en un contexto socio-político tenso, incluso algo distópico, o exagerado, pero sin caer en la parodia. De esta situación surge un movimiento social que se podría considerar, en contraposición a los reales occidentales, como más idealistas y activistas. Surgiendo de estos movimientos más insurgentes el detonante del film.
Dos personajes altamente activistas, cuyas medidas, según la moralidad, pueden llegar a ser discutidas y rechazadas en algún momento, serán los protagonistas de la trama. No obstante, la formalización de la idea no será importante. La película, aún ser claramente una crítica socio-política tampoco se explica su finalidad formal, es decir, en qué deriva el movimiento revolucionario, y esa es una de las claves explicadas por Anderson y por Di Caprio, el no identificarse (entrar en el subjetivismo, sólo exposición y descripción de situaciones tensas que se pueden dar en la realidad). Y esa puede ser la clave, independientemente de la orientación política del espectador puede llegar a poner en crisis esta “manera” de proceder o de organizar. Se trata de un debate que en ningún caso pretende concluir, finalizar o valorar.
Se vuelve más interesante las acciones que les ocurren a los personajes que la propia acción revolucionaria que pretenden conseguir. Las consecuencias que tienen sus actos, los cambios de opinión a medida que cambian sus responsabilidades, la gestión del riesgo o la calidad de las relaciones personales, son los puntos que la película pretende mostrar.
Estas reflexiones pueden quedar en un segundo plano si el espectador sólo se centra en el desarrollo de la acción pura de la trama principal. La película puede llegar a ser rica en estas lecturas secundarias. El film por sí sólo funciona en esta lectura más superficial, de hecho, el ritmo es propio de una película de acción. Hay momentos de persecución, de western, de parodia… se trata de una película que por momentos bebe de varios géneros, pero de forma medida, para cada una de las situaciones planteadas. Esos momentos de western de las secuencias finales a las que se le añade el carácter de Breaking Bad... brutales.
A partir de estas reglas de juego los personajes las interpretan, las hacen suyas y se ponen a jugar acompañados de una gran dirección. Di Caprio y del Toro hacen un binomio perfecto, las situaciones dantescas/satíricas son enfatizadas gracias al carácter contrapuesto de los 2 personajes, nunca sabes si el Sensei está ayudando a Bob porque se lo cree, o porque cree que está loco y simplemente quiere pasar el rato.
Sean Penn, brillante, tanto en plano corto donde juega con los tics, con sus expresiones faciales, como en plano largo, la forma de andar, de llenar la escena, de interactuar… brutal como antagonista.
No he terminado de reconocer la obra maestra de la que en muchos lugares se habla, me ha parecido una película notable, en apartado técnico y actuaciones, brillante.
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