Crítica de La ballena (The Whale) por Sandris
Posiblemente Brendan Fraser recoja su merecidísimo Oscar el mes que viene, un Brendan que como esa ballena literaria de Melville lucha contra la vida y sobre todo contra sí mismo, porque es difícil no ver en ese profesor de inglés hastiado, fracasado y solitario al propio Brendan y el periplo personal que ha atravesado todos estos años.
Estamos por tanto, ante una película que habla sobre dolor y redención, pero también sobre esperanza y sobre perdonarse a uno mismo aunque el mundo prefiera mirar hacia otro lado. Es cierto que se dramatiza en exceso la percepción que los demás tienen del personaje de Charlie (ni que nadie hubiese visto a un gordo en su vida, oiga), pero me parece una obra honesta que habla de la verdad que todos llevamos dentro.
“Los buitres del mar, en la piadosa mañana y los tiburones, todos de riguroso negro. En vida, pocos de ellos habrían ayudado a la ballena si por ventura ésta los hubiera necesitado, pero al banquete de su funeral acuden todos.” ('Moby Dick', Herman Melville).
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