Crítica de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú por Selasor
Kubrick sin contar con grandes efectos -lo aviones parecen de juguete en algunas escenas- consigue traernos una entretenida obra que supone una sátira en toda regla a la guerra fría, y a las consecuencias de una IIIGM con las bombas atómicas. Una escena final que también recuerda mucho a la última etapa de Hitler en Alemania encerrado en un búnker y todo lo que ocurrió allí.
Notable alto para Kubrick.
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