Venía a verla sin demasiadas expectativas por eso de las segundas partes, pero el juego psicológico en el que nos vemos inmersos es muy muy bueno. En esta secuela juegan con la relatividad del tiempo, meten algún que otro susto bueno y además, parece que incluyen una nueva dinámica, la violencia, tanto del espíritu como de ella hacia otras personas. Y digo parece porque es parte del juego psicológico en el que nos vemos envueltos. Según veía estos comportamientos no me acababan de encajar, pero al llegar al final y ves que han jugado tanto con la protagonista como contigo , sólo puedes quitarte el sombrero, te la han clavado.
Como momentos a destacar de la película hablaría de lo siguiente. El inicio, la táctica del personaje es como poco mala, eso sí, la acción a ojos del espectador está muy bien. La sonrisa de la niña, que perturbadora. Las dudas que nos generan en cuanto a la existencia de Morris y de la escenita del evento por los niños. Y por último, el momento Gemma en el coche.
En cuanto a los actores, creo que la protagonista Naomi Scott (Skye Riley) lo hace de diez, me han encantados su forma de estar desquiciada, y Lukas Cage, en el corto pero intenso papel de Lewis también me ha gustado mucho.
En definitiva, película que me ha sorprendido para bien, con buenas actuaciones, y con esa idea de Smile que me parece buena. Es un demonio o espíritu muy perturbador, tanto por la sonrisa psicopática como por su funcionamiento. Aunque eso sí, la imagen del demonio o espíritu al igual que en la primera película, sigue sin convencerme.
Posdata: Cuando he visto al personaje Paul Hudson sonriendo me ha recordado por completo a Jack Nicholson, y acabo de descubrir que el actor que lo interpreta no es ni más ni menos que su hijo, Ray Nicholson. El jodido tiene la misma sonrisa que su padre.
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