Crítica de Robot Dreams por MartaPD
Dog es un perro que se siente profundamente solo y decide comprar un amigo por encargo, o lo que es lo mismo, un robot que puede construir él mismo y que se convierte en su mejor amigo (o algo más) durante un período de su vida que se empezaba a poner demasiado triste y oscuro. Hablo en masculino aunque realmente la película no define el género de los personajes, lo que lo hace todavía más transversal y universal, así que podéis ponerle el género que gustéis en vuestra cabeza y funcionará igualmente. Este vínculo se muestra con sonrisas, gestos, mucho tiempo juntos y detalles minúsculos que van consolidando su relación hasta que un día pasa algo que los obliga a separarse (no porque quieran sino por las circunstancias). A partir de aquí empieza otra película que te va a encoger el corazoncito y que no deja de ser también muy realista, ese duelo, esa marca que te dejan las personas que han sido importantísimas en tu vida, ese buscar un reencuentro que quizás llega a poder darse demasiado tarde. Todo nos va llevando hacia un final agridulce en el que yo he sido lágrimas.
Robot Dreams vence y convence como una película de animación más bien orientada a adultes, sobre todo por sus profundos mensajes sobre la soledad en las grandes ciudades y sobre la búsqueda constante de vínculos que nos ayuden a llevar esta vida de mierda. Quizás une niñe la disfrute igualmente porque es fresca y bonita, aunque le pase más inadvertido el fondo del asunto. Cuando llegan los Oscars sabemos que va a haber la nominación protocolaria a Disney/Pixar y/o otros grandes estudios así que siempre da mucho gusto encontrar filmes de pequeños estudios como este que consiguen hacerse un hueco y demostrar el poder de conmover y de contar historias universales que tiene la animación.
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