Crítica de Retorno a Seúl por MrPenguin
Un continuo juego de contrastes que encuentra su mejor baza en la debutante Ji-min Park, quien nos deja una protagonista compleja, llena de matices y tan capaz de causar rechazo como de transmitir ternura. Su carácter descarado, cortante y altivo parece empeñado en no abrirse hueco ni entre la singular cultura surcoreana —por la que tampoco demuestra gran interés— ni en nuestros propios corazones, aunque la enorme fragilidad y soledad que destila harán que podamos empatizar con todo su dolor emocional. Una personalidad complicada que la película, siempre a través de un tono pausado y contemplativo, utiliza para realizar un sensible retrato generacional de todos aquellos niños adoptados, hijos de la guerra o la precariedad económica, que crecieron lejos de unas raíces que jamás consiguieron comprender. Todo un viaje de autodescubrimiento, envuelto en cierto aire de melancolía, que nos habla del sentido de pertenencia, de los vínculos afectivos y, en última instancia, de lo sencillo que es perder el rumbo y lo complicado que es volver a encontrarlo.
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