Crítica de ¿Quién puede matar a un niño? por crique
Tom y su esposa embarazada Evelyn son turistas británicos que deciden alejarse de las multitudes y dirigirse a la remota isla de Almanzora, a pocos kilómetros de la costa española, que Tom conocía de su infancia. Cuando llegan al puerto, encuentran el lugar extrañamente desierto.
Lo que más destaca a lo largo del largometraje no es la sangre ni los sustos fáciles, sino su atmósfera. Transmite una sensación de incomodidad y tensión, causada por estos aterradores protagonistas, los niños.
Esta es otra prueba de que una película puede llegar a ser terrorífica incluso cuando las cosas suceden a plena luz del día.
Aunque nunca se explica qué es lo que vuelve locos a estos niños, juega con este dilema moral de que estos niños pueden hacer lo que les venga en gana porque nadie se atreve a matarlos. Es muy interesante la forma en que la película juega con eso.
La actuación de Lewis Fiander como protagonista y Prunella Ransome como su esposa, retratan bien como sus sentimientos se van progresivamente tornando incómodos sobre esta extraña situación que están viviendo, y se empiezan a llenar de sudor que casi puedes oler el aire. Los niños también cumplen en sus papales, acompañados de una banda sonora bastante inquietante.
Entretenida y curiosa joya del cine de terror español.
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