Crítica de Otra ronda por Sandris
Su tono desenfadado es lo que hace de esta obra algo especial y una verdadera experiencia, pero conviene no olvidar que los verdaderos problemas crecen cuando no hablamos de ellos y que el alcohol no los va a solucionar por arte de magia. Aunque no voy a ser yo la que niegue que la vida con unas cañas encima es un poco más hermosa y brillante.
PD: Ese baile final del señor Mikkelsen se merece un Oscar y todo lo que le pongan por delante.
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