En el plano celestial se juega una partida milenaria que investirá nuevos dioses y en donde 2 grandes espíritus contrarios terminarán enfrentados. Su alma está contenida en 2 perlas y, por quehaceres de la trama, la perla malvada o demoníaca se reencarna en un bebé recién nacido al que nombran Ne Zha, nuestro protagonista. El chavalín tiene superfuerza, poderes de fuego... y tienen que contenerlo, mientras sus padres se esfuerzan por enseñarle el buen camino. Es como un pequeño Chicho Terremoto, un trasto que parece que se pinta todos los días sombra de ojos negra y que, en el fondo, como nos pasa a todes, solo quiere que lo acepten y hacer amigues. La gente del pueblo dice que "un demonio es un demonio y eso nunca cambia", así que la película nos cuenta una historia sobre prejuicios, sobre la idea de que lo que somos está en nuestros actos y en cómo nos vamos construyendo con lo que nos pasa, no en una identidad prefijada de antemano. Este es un tema que bien tratado siempre me gusta mucho así que Ne Zha me ha ganado.
El trabajo técnico es impecable y lo vas a notar cada vez más según pasan los minutos. El final es apoteósico, épico, un poco estilo Super Saiyan, y la animación estalla en su exuberancia y calidad. Es un filme que entra mucho por los ojos, aunque el mensaje no desentona, con la unión de opuestos, el yin y el yang, como parte de la existencia y, más en pequeño, la historia de un niño revoltoso al que señalan y rechazan y que demuestra que tu camino son tus decisiones y no la etiqueta que te cuelgan. Una película muy vistosa y atractiva, que además tiene sentimiento y puede llegar a distintos públicos. Excelente.
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