La película sigue a Vada, una niña descubriendo la vida a casi cada paso, cuyo padre es viudo y que, cuando empieza a enamorarse de nuevo, la niña, junto a su mejor amigo (un chico con demasiadas alergias), tratará de torpedear el romance de su padre.
Una película mítica.
Una historia que ya de pequeño me parecía entrañable. Siempre me encantó Vada (y por extensión Anna Chlumsky).
Seguramente hayan pasado al menos 20 años de la última vez que vi esta película, pero no necesito verla de nuevo. No quiero. No tengo la necesidad de ver una película con pinta de comedia familiar que se convierte en una enternecedora historia que te rompe el corazón.
Sí puedo decir que si te rompe el corazón, es que algo ha estado haciendo bien. Algo hay para que empatices lo suficiente. Ya sea un reparto adulto correcto, o un casting de niños protagonistas más que cumplidor.
Inolvidable.
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